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martes, enero 23, 2007

A LA TERCERA...


Estaba muy contento, pero se despertó por culpa de un sonido que no identificó aunque era parecido a un grito. Como estaba sólo en la casa mantuvo los ojos cerrados sin prestar atención, consciente de que la interrupción había supuesto un verdadero contratiempo. Tenía la boca seca por haber fumado y bebido ron antes de acostarse, mientras miraba por la ventana que daba a la oscuridad del parque.
Cuando pasara esta racha se iría a otra ciudad donde nadie le conociera y hubiera más árboles que farolas. Más pájaros que motocicletas. De nuevo se fue acomodando bajo las protectoras mantas que le cubrían sin sonido. Ya no necesitaba agua, pues empezaron a llegar, bienvenidas, algunas imágenes confusas, en las que se podía distinguir mesas ovaladas en las que figuras desconocidas ordenaban piezas. Se centró en uno de aquellos seres y empezó a observar los detalles de sus vestiduras. Al sentirse observado, el hombre del sueño alzó la vista hacia él y... Aaahhh..., este segundo grito hizo que se incorporara de un salto de la cama.
Esto era inconcebible. ¿Quién podía aguantar aquello?. ¡Maldita sea!. Se colocó delante de la ventana abierta indagador. El viento le daba en la cara somnolienta, despejando los últimos resquicios noctámbulos casi completamente. Permaneció al acecho mientras el tiempo pasaba. Ninguna luz, ninguna pista, ninguna estrella. Los árboles movían un breve rumor de hojas que llegaba a las cerradas ventanas vecinas. La poca luz se confundía con una intranquilidad de niebla.
Los demás vecinos, aburridos, ya se habrían vuelto a acostar en sus acolchados colchones. Se vio así mismo frente a la noche, como si fuera otro. Aspiró una bocanada grande de aquel aire nocturno contaminado que fue llegando a sus pulmones porosos y toda la fuerza de que disponía se precipitó en un alarido tan salvaje como los dos anteriores, aunque éste último ya desprovisto de misterio.

sábado, enero 13, 2007

LA TRIPLE MANCHA


Iba yo buscando una historia pero me encontré con un perro. Un perro son muchas historias tan juntas o tan dentro que es muy difícil separarlas. Antes estaba más acostumbrado al trato con estos animales, de manera que cuando me acercaba a ellos, conocía sus últimas peripecias. Ahora me decían poco más o menos todos lo mismo, que estaban de paseo o que movían a menudo el rabo.

El perro era gris como el humo y pequeño como mis manos, por eso no quise tocarlo solamente le miré los ojos, ojos de perro azul.

Enseguida me percaté de un pequeño detalle, sobre su ojo derecho, a la altura de las cejas existían unas pequeñas manchas oscuras, tres puntitos minúsculos como una v invertida. Nunca hasta entonces me había dado por indagar en los pequeños detalles, sino que buscaba las cosas más generales, ahora ante la falta de material recurría a estas menudencias. El perro ladró, y en su ladrido distinguí con claridad la pequeña triple mancha.

Me quedé como parado, intentando descubrir algo nuevo, pero el perro volvió a ladrar para atraer mi atención. El sonido era de perro, quizás algo más gris, más pequeño, pero seguían las manchas presentes, si cabe con mayor intensidad. Recordé otros muchos ladridos, perros antiguos, perros furiosos, perros de la niñez, todos contenían esos tres puntos oscuros. Todos sobre la ceja derecha, todos una v invertida e inclinada.

¿Habría podido ocurrir que todos los perros fueran así y hasta hoy, viernes, no me hubiera dado cuenta?. Me parecía estar delirando cuando escuché a lo lejos la voz de una madre que reñía a su niño. También tenía tres puntitos negros, al igual que el llanto del pequeño.

En efecto, he descubierto que todos tenemos en el mismo sitio esta pequeña mancha. He ampliado fotografías antiguas, he escuchado grabaciones, canciones, incluso en la propia televisión y siempre aparece. Me parece un gran descubrimiento, aunque no sé qué significa, ni siquiera sé por qué no nos hemos dado cuenta antes.

Quizás sea una marca genética que viene desde los comienzos de la vida, quizás todos lo sabemos desde siempre pero como ya no tiene significado la hemos estado pasando por alto todos estos años. Por si acaso lo dejo aquí escrito. Siempre habrá algún despistado que sea el último en enterarse.

No sé si merecerá la pena hacer algún tratamiento del sonido para sintetizar los armónicos que caracterizan esta pequeña mancha remota. Quien conoce su pasado, está en mejor predisposición para evitar el futuro. El caso lo he puesto en manos de los expertos del Centro Psiquiátrico Bonanova (http://www.centrobonanova.com/), donde acudo periódicamente para conocer sus últimos descubrimientos, a la par que sigo unas sencillas instrucciones de adaptación a la nueva situación. Si tienes alguna duda al respecto acude allí. Ellos te informaran de todo mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo.

miércoles, enero 10, 2007

TRÁFICO




Esta mañana, al acudir al trabajo había muchísimo tráfico. No me lo explico, pero parecía como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo para ir a trabajar a la misma hora. De las veinticuatro horas que tiene el día, también era casualidad que justamente a las 8 de la mañana, cuando tengo yo que ir, les haya dado a los demás por hacer lo mismo.

Empecé a ponerme nervioso. Quizás, fuésemos todos también al mismo lugar.

Nuestro centro de trabajo es muy bonito, tiene varios edificios y entre ellos hay árboles y hasta una fuente. La verdad es que allí estamos muchísimos. De la mayoría, ni siquiera conozco su nombre e incluso sospecho que habrá muchísima más gente más que nunca he visto y que anden trabajando por recónditos pasillos oscuros, inaccesibles para mí.
Comparando el tamaño de los edificios con la enorme caravana de vehículos que me precedía, sinceramente, me pareció que ganaban los coches.
No creo que tantísimos conductores quepamos en las oficinas y, decididamente, no quería quedarme fuera.
Empecé a efectuar rápidos movimientos de cambio de carril con objeto de ganar algunas posiciones, pero sólo obtuve algún ligero beneficio.
Ya faltaba poco para llegar, así que intenté colocarme lo mejor que pude dentro de mi grupo. Estábamos a unos setenta metros de la curva de las perdices. La cabeza se encontraba tan sólo a un par de cuerpos. Me puse a atacar a tope por fuera, poco a poco estaba recortando. Tenía posibilidades, solamente tenía que aguantar sin ceder durante la recta principal. Sólo un poco más. Casi estaba sin aliento, pero lo conseguí. Por fin, habíamos llegado. Estaba muy bien clasificado. Respiré a fondo.
Al final aparecieron los aparcamientos, algunos de ellos todavía sin ocupar. Muy satisfecho, me dirigí a mi mesa de trabajo, mientras recuperaba el aliento.
Cuando llegué a ella observé que ya estaba ocupada. Una mujer desconocida, muy guapa y atractiva, se encontraba ordenando mis papeles. “Para que no te canses, haré hoy tu trabajo, si no te importa”, me dijo, con una deslumbrante sonrisa.
No podía negarme y como tampoco se me ocurrió otra cosa que hacer, le di las gracias tímidamente y me desperecé.

viernes, enero 05, 2007

TODO DERECHO



‘Por ahí, todo derecho’.
A veces, cuesta encontrar el camino hacia donde vamos, pero, como veis, en mi caso, no tengo pérdida, aunque, por desgracia, ese lugar se encuentre todavía lejos.
‘Todo derecho hasta llegar’
Simplemente tengo que conocer el destino final para pararme, la meta (sería imperdonable que, después de tan extenso camino, me pasase de largo).
La cosa cambia cuando los caminos son difíciles. Entonces, hay que dar muchas vueltas, preguntar muchas veces, a mucha gente. Si sufres una pequeña equivocación no tiene importancia, en la siguiente encrucijada se remedia sin que prácticamente nos demos cuenta, aunque a veces haya que retroceder un poco.
Pero cuando el camino es fácil, como el mío: siempre en línea recta, un error puede arruinarlo todo.
Como no tiene sentido pararse a cada rato a confirmar que el camino es el bueno, se puede estar caminando mucho tiempo solamente con la idea de no dejarse vencer por el cansancio, un paso tras otro paso, con la vista en el horizonte.
Imagínate, y no es tan raro (en mi vida he visto cosas peores) que, por cualquier causa, hubiera, en algún momento, tomado una dirección equivocada. Continuando recto estaría completamente perdido. Cuanto más anduviera, cuanto más esfuerzo, estaría más lejos de mi destino final. Sería terrible.
Pero estas son mis instrucciones: ‘Todo derecho hasta llegar al final’.
Además, lo de ‘todo derecho’ no significa que se tenga que seguir una línea recta. A veces, el camino se curva, incluso gira bruscamente. Ir todo derecho es seguir hacia delante, con todos los cambios de dirección que hubiera.
Si el camino se retuerce entre las piedras, yo con él. Si aparecen a los lados pequeñas veredas, yo siempre en el camino principal, sin salirme de él, ni siquiera por curiosidad. Cualquier descuido puede desorientarme. Tanto si el camino sube como si baja, yo dentro de él, todo recto. Cuando aparece un cruce: hacia delante. No tiene pérdida, es fácil, todo derecho.

Así las cosas, he de decir que llevo ya bastantes años andando por estos andurriales y mucho me equivoco o todavía me falta mucho para el final. Quizás lo importante no sea llegar...
aunque me parece que, a mí, no me gustaría demasiado llegar a algún sitio, que lo que yo quiero es únicamente andar. Eso sí, andar todo derecho.
Salud.

martes, diciembre 26, 2006

CITA



Llegué hasta tu calle con la ilusión intacta, pero una vez allí, desapareció.
En diciembre hace frío y hay que esconderse las manos en los bolsillos y la boca detrás de la bufanda.
En diciembre, las tardes desaparecen casi tan pronto como desaparecieron de las calles los tranvías tirados por caballos. En su lugar se encendieron farolas amarillas, sustituidas a su vez por focos blancos, azulados y solos, igual de solos que los árboles, aunque hayan puestos tantos y de proporciones similares.

Si por lo menos hubiera sido Abril, cuando a las fuentes se aproximan las mamás y a las mamás, las palomas. Y a las palomas, con las alas plegadas y el pico abierto, niños anhelantes que se creen que pueden atraparlas.
Si por lo menos no fuera tan tarde. Si no tuviera que comprar algo en la pastelería de la esquina con que paliar esta espera innecesaria y triste.

Pero bueno, al final viene. Va llegando desde unos 50 metros cuesta abajo que hay. Despacio, con el vaho en pequeñas nubes que se van dejando atrás, con la nariz y las orejas tan heladas como rojas y, mientras llega, me voy olvidando de diciembre, del frío, de los pasteles innecesarios y las farolas amarillas...

Porque cuando llega, no sé por qué, pero hay que sonreír.

miércoles, diciembre 13, 2006

SEBASTIAN PELÁEZ REBELA, EN EXCLUSIVA Y EN SU PROPIO BLOG, LOS PRIMEROS RECUERDOS DE LOS QUE SE ACUERDA


Me llamaba Sebastián y venía dándole vueltas al montón de tiempo que llevaba por aquí. Con 'por aquí', me refiero al mundo, es decir al tiempo que llevo vivo, que es mucho. La verdad es que todavía me resulta sorprendente estar aquí, casi como al principio.
Siempre he pensado que esto era como un broma, pero últimamente me parece que ya no es así. ¿Por qué razón puede ser la vida una broma?. Más bien habría que decir que tu tiempo es algo más que serio, Sebastián.
Otra cosa curiosa es que, a pesar de que ha pasado mucho tiempo, no tengo tantos recuerdos. Quizás haya olvidado algunos o me haya inventado otros mejores. ¿Cuánta puede ser la fiabilidad de tus recuerdos, Sebastián?. Bastante, yo creo que bastante, aunque no tenga razones para argumentar.
La primera cosa que recuerdo ocurrió cuando tenía alrededor de 3 años. Ya en aquella tierna edad estaba muy interesado en el cálculo del transcurso del tiempo. ¿Cuánto tiempo se tarda en llegar desde la casa de mi abuela hasta mi propia casa y cómo podía saber que casi estábamos llegando, teniendo en cuenta que me llevaban en brazos y que tenía que tener los ojos cerrados?
Un problema muy interesante que había que resolver sobre la marcha, sin prácticamente ninguna referencia ya que, al ser éste mi primer recuerdo, no deberían existir para mí recuerdos o informaciones anteriores, pues posiblemente ése fuera el día en que aprendí a recordar.

Repasemos la problemática.

Tenía que fingir que dormía durante el trayecto, unos 100 metros, ya que no quería ir andando. Luego tenía que simular despertarme justamente al llegar a mi casa, así podría seguir jugando. Es decir, lo primero que recuerdo es intentar engañar a mi propia madre. Si para engañarla tenía que aprender a recordar, pues se aprendía.

CÁLCULO TEMPORAL
Debía tener algo menos de 3 años, porque esa es la edad que le saco a mi hermano más pequeño, que de haber existido en ese momento hubiera ocupado el regazo de mamá. 3x365=1095. Mil noventa y cinco días sin un sólo recuerdo que se sepa.

¿Sebastián, estás dormido? No podía decir que sí, porque se descubriría la trampa.
Ya hemos doblado la primera esquina, me dije a mi mismo, todavía tienes que esperar. Por lo tanto, antes de este primer recuerdo tenía que tener memorizado el trayecto, lo cual desbarata bastante la teoría: ¿qué fue antes el primer recuerdo o los datos incluídos dentro del primer recuerdo?.



Muy posteriormente, se ha comprobado que entre la casa de mi abuela y mi propia casa hay dos esquinas, una se tuerce a la derecha y otra a la izquierda, por lo tanto la información que disponía Sebastián, según él mismo recuerda en su primer recuerdo, era cierta.
Ya faltaba muy poco para llegar, por lo tanto había que ir pensando en despertase, aunque todavía faltaba la segunda esquina.

Aquí termina mi primer recuerdo. No consigo recordar nada más. En realidad tuve que llegar a mi casa porque si no, todavía estaría en brazos de mi madre esperando a que torciéramos la segunda esquina.

No. He mentido, no terminaba allí mi primer recuerdo, porque me acuerdo de algo más: me dije a mí mismo "la próxima vez debes despertarte antes porque si no te quedas dormido y no puedes jugar".

martes, noviembre 28, 2006

CUENTO LEJANO



Estaba yo por aquí sentado en mi mesa, cuando me pareció escuchar una voz lejana que decía:
- Oye, vamos a escribir un cuento.
- Bueno.
- Un cuento de un lugar lejano, pero con plazas parecidas a las nuestras. Un cuento inventado, pero que parezca que está ocurriendo de verdad.
- Vale.

En un lugar muy lejano, tanto que, aunque sus plazas eran iguales a las nuestras, nadie lo sabía, vivía un cuentista que alguien se había inventado. Con el cuentista pasaba lo mismo que con las plazas, es decir, era casi igual que yo mismo, que soy el cuentista de aquí, pero nunca podíamos coincidir salvo en este cuento, debido a la lejanía tan lejana que había.

- Oye, perdona, pero el cuento, aunque sea inventado, tiene que parecer que está ocurriendo y tal y como lo llevas está claro que tú eres el de verdad y yo el que no existo. Así que déjame a mí un rato, que esto no hay quien se lo crea.
- Bueno, de todas maneras no creo que nadie se lo crea, por más vueltas que le des.
- Eso ya lo veremos.

Al principio, las voces que se oían en el cuento eran la manera que teníamos de comunicarnos, pero en seguida caímos en la cuenta de que el sonido no puede propagarse a través de estas enormes distancias. Así que esas voces, esas palabras llegaban de alguna otra manera, pero ¿cuál?.
El cuentista se quedó pensado, pero no encontraba ninguna respuesta, hasta que le llegaron, no sabía bien cómo, algunas palabras desde la distancia.
Estaba claro que en estos cuentos tan lejanos, las palabras no siguen las reglas del sonido y van o vienen como Pedro por su casa. Además, y esto sí que era importante, las casas y las plazas podían no ser iguales pues, como estaban tan lejos, nadie podría comprobarlo.
Si pudiera venir, dijo el otro cuentista, estoy seguro de que encontraría diferencias evidentes.
¿Pero entonces, no estamos haciendo el cuento tal y como hemos acordado al principio?.
Bueno, y ¿qué importancia puede tener?. Nunca nadie podrá descubrirlo.
Sí, nosotros sí que podemos. Nosotros no somos unos tramposos.
Pero... ¿Cómo podemos averiguar si lo estamos haciendo bien o no?
Verás, como aquí y allí son lugares lejanos pero muy parecidos podemos intercambiarnos igual que estamos haciendo con las palabras. Por ejemplo, el que encuentre el mejor final se puede quedar aquí y termina el cuento éste, porque, la verdad, el cuento de allí está quedando bastante lioso y no creo que nadie se lo trague.
Cuando escuché al otro cuentista pronunciar estas palabras no tuve por menos que reírme. Yo ya tenía pensado el final.
Mientras él había gastado todo su ingenio en el inicio y en la evolución y los dialogos de su cuento, yo únicamente me había preocupado del final.
Ahora, el pobre cuentista lejano, tenía que inventarse, deprisa y corriendo, un final rápido que, sin duda, dejaría bastante que desear. Su cuento era mucho mejor que el mío, pero ahora íbamos a intercambiarlos, sin más.
Mientras se desesperaba, busqué en Google la palabra plaza. Me salieron millones de casos en tan solo 0,11 segundos. Las palabras a través de la red llegan con una velocidad muy superior a la propagación del sonido.
Elegí algunas de las primeras plazas que aparecieron y las anote en el cuento bueno, el que iba a ser el mío.
En efecto, he comprobado que la mayoría de ellas son casi iguales a las de aquí.
No, no somos unos tramposos.

sábado, noviembre 11, 2006

ESPEJISMO




















La primera vez que me besaste pensé: soy la luna sobre el agua, aquí tenéis al hombre a quien ella está deseando hacer feliz y sentí la ovación del ganador de una carrera de vallas.
Despues, ya más meditabundo, me dije que bastaban sus deseos para justificar mi existencia, pese al esfuerzo que costaba.
¿Por qué te concedía tanta importancia? Tampoco era que hubieras realizado ninguna hazaña. Quizás saberme el elegido suponía una sorpresa que no acertaba a digerir.
Con el tiempo me fui conociendo más profundamente. Si te miras en un espejo solo se aprende a reconocer tus propias formas, las luces y las sombras. Para saberse de verdad hay que mirarse en los espejismos.
Los espejismos, espejísimos si se vocaliza lentamente, son como espejos de carne y hueso donde te ves haciendo lo que antes hacías y, en ocasiones, lo que llegarás a hacer. Un espejismo mantenido te hace sabio con solo ser capaz de recordar.
Yo te recuerdo, te recuerdo parcialmente, los ojos desesperados buscando la luz afirmativa que definitivamente los aplacase, los gruñidos de la noche que salían por debajo de la cama, la amplitud de tus brazos abiertos no se sabe si para acaparar, proteger o estrechar y la dulzura máxima, la hermosura de decir abierta e incondicionalmente: si.
Pero los espejismos a veces ocurren en el desierto y en medio de la arena te miras haciendo algo que nunca, BAJO NINGÚN CONCEPTO, imaginabas que pudieras hacer.
Entonces el verdadero triunfo se abre tras la pequeñísima cabeza que te ha quedado.
Se abre en el horizonte una pequeña brecha por donde entra un nuevo día y, al igual que la tierra, eres capaz de girar sobre tu propio eje como la marioneta que sigue en su camino al sol, fuente de todos los espejismos.



lunes, octubre 23, 2006

COSAS

Ilustración: Enaire

Recojo las mariposas pegadas a la rejilla. Están secas y desaparecen bajo las raspaduras de un cepillo de raíces duras. En el suelo son menos que polvo, una amalgama de suciedad deforme y aceite.
Ordeno los libros según las disciplinas, las materias clasificadas desde antiguo. No busco. Entre las páginas no hay hojas recogidas por niños pasados que, al salir de la escuela, robaron a los arbustos del parque con sus manos pequeñas, que ya son ávidas.
Pongo mi mano sobre tu mano, como una oración comparativa. Sobresalen las yemas de mis dedos, más oscuros y recios.
Están recorridos por la sangre que gira en un circuito cerrado de ramas. Está girando durante años de paz pactada por caballeros que llevaban antorchas a la vez que las angulosas riendas, extensiones de los codos metálicos y los hocicos.
Llueve sobre alquitrán prensado y suben vapores como vaho caliente desde la boca de la tierra sellada.
Grapo las cartas con el golpe de todo el brazo cayendo. Cruje las mesa de madera encajonada, giran los goznes del mecanismo, se oye el sonido de la agrupación única.
Todas estas cosas ocurren pero sin prestárseles atención, porque ya es tarde esta tarde .

miércoles, octubre 18, 2006

BICICLETA ESTÁTICA



Mi mujer ha adquirido en unos grandes almacenes una bicicleta estática. Es fantástica, se puede pedalear constantemente sin ir a ningún sitio.
He estado analizando la cuestión desde diferentes puntos de vista y he obtenido unas conclusiones dignas de compartir. En efecto, la bicicleta en cuestión tiene todos los inconvenientes que puede tener una bicicleta normal y ninguna de las ventajas que te pudiera proporcionar. Puedes sudar hasta la extenuación, pedalear sin sentido, pero no te puedes pasear, ni siquiera hasta el parque próximo. Es de una inutilidad extrema.

Siguiendo el ejemplo de la bicicleta y su filosofía inherente he descubierto la escoba estática, que consiste en una escoba anclada a la pared mediante una cadena. La peculiaridad del invento consiste en que, aunque tires, solamente puedes barrer unas cuántas baldosas próximas.
Mi mujer, con quién he compartido mi hallazgo, opina que no es necesario ponerle cadena, ya que si te quedas barriendo en el mismo sitio pues ya tienes la escoba estática. Me temo que no comprende la filosofía última de estas innovaciones tecnológicas.

Una vez patentado el invento, me encuentro con el problema de su comercialización. He decidido realizar una explotación piloto en el vecindario. Para ello, he ido pegando por la calle unos anuncios que informan de la existencia de la escoba estática y se acompañan de ciertos detalles de la fabricación. Con la ayuda de unos prismáticos, desde la azotea, vigilo la actividad de mis vecinas hasta que consigo localizar a alguna de ellas utilizando de manera fraudulenta la escoba estática. Si se acompaña de alguna prueba gráfica, como por ejemplo una fotografía, suelen pagar, sin necesidad de amenazas, el canon que permite la utilización de la escoba estática durante cierto tiempo.
Si usted dispone de acceso a la terraza de su bloque y si éste se encuentra favorablemente orientado, puedo cederle, por un tiempo limitado, los derecho de explotación de la patente en su barrio, a cambio de una pequeña comisión. Por favor, póngase en contacto conmigo cuanto antes y llegaremos a un provechoso acuerdo para ambos.

En la actualidad estoy pensando en lanzar una segunda versión del invento más evolucionada. Incluye un recogedor, sobre el cual se han practicado un conjunto de agujeros convenientemente distribuidos, de manera que el polvo, una vez recogido, vuelve a caer al suelo y siempre se puede barrer algo.
Mi mujer, principal detractora de la escoba estática, opina que los agujeros inutilizan el recogedor y que, además, es más sencillo volcar el recogedor cuando se quiera, por lo que se ha negado a agujerearlo. Sigue sin comprender lo fundamental.
Para poder utilizar el recogedor para el barrido normal, estoy pensando incluir, en la oferta de lanzamiento, la idea de unos tapones de corcho que no encarecerán demasiado la inversión.

Espero conseguir resultados acordes con la audacia de estas aportaciones personales al desarrollo social de mi comunidad. Ya os contaré.
De momento, como le estoy cogiendo cierto gustillo al asunto, me voy al metro a subir durante una media hora, más o menos, cualquier escalera mecánica de bajada.

viernes, septiembre 01, 2006

MERIENDAS

Al principio se merendaba pan y chocolate. Después, para facilitar la mezcla, se sustituyó el chocolate por “nozilla”, que se unta fácilmente con la ayuda de un cuchillo.
En la actualidad, las meriendas son variadas y cada cual, según el día, merienda una cosa diferente, lo que más o menos le parece bien, dentro de lo posible.
Pues bien, ayer, mientras merendaba chorizo de Pamplona, vi un árbol un tanto particular. No nacía directamente de la tierra, sino desde el interior de un pozo. El pozo debería tener alguna grieta que, en contacto con la tierra y con la humedad inherente, se había convertido en un terreno muy fértil.
Quién sabe, quizás alguien, cualquier tarde, haya merendado un melocotón, por ejemplo, y, sin darse cuenta, el hueso del melocotón haya acabado justamente en el nido que un vencejo había construido sobre la grieta antes de la emigración. De ser esto cierto, nos encontraríamos ante un ejemplar de melocotonero, cosa que todavía está por confirmar.
El árbol es fuerte, pero solo se le ve un poquito desde fuera, aunque ya el resto de los pozos se han dado cuenta del hecho. En la zona de las meriendas siempre ha habido multitud de pozos, donde poder arrojar piedras y gritar para escuchar el eco.
Al principio , cada uno íbamos al pozo que nos parecía bien, pero, para facilitar la mezcla, después nos fuimos juntamos por grupos alrededor de aquellos que tenían ya cierta clientela. A partir de ahora, mucho me temo, que todos querremos merendar junto al pozo del árbol y, cuanto más crezca, más piedras, más gritos, más meriendas diferentes bajo su protectora y distinguida sombra.

jueves, agosto 31, 2006

LAS DOS ESFERAS



Yo vivo en la esfera normal, donde hemos estado viviendo durante todo la vida, pero Henar se ha mudado a la otra esfera, la emocional, la imaginativa, y me ha dejado aquí solo.
No estoy tan mal como se pudiera imaginar desde aquella otra esfera, pero me acuerdo bastante de ella. Hay veces que cierro los ojos e imagino que vuelve para siempre, pero no puede ser.
Sin embargo, Henar vuelve a veces, para las Navidades, algún fin de semana, ..., pero está claro que allí se vive mucho mejor. Únicamente vuelve porque sabe que la necesito. Está un par de días, lo mínimo para tranquilizarnos y se marcha. En el fondo, todavía me quiere un poquito.

Aunque le pregunto, nunca me cuenta mucho de su nueva esfera. Sólo dice lo que es evidente, que si es diferente, que si allí la gente es luminosa, que si son felices. En fin, que nunca hay conflictos, es decir, todo lo que a cualquiera se le puede ocurrir.
También a mí me gustaría hacer lo que hace ella: poder ir y venir de vez en cuando, pero si yo me voy seguramente ya no regresaré jamás. Además, ¿quién iba a trabajar entonces?, ¿quién iba a conseguir el dinero que necesitamos para vivir?.
A Henar, cuando vuelve, estas cosas no le importan. Me mira, parece que me escucha pero como si no me entendiera. Debe de estar muy evolucionada para prestar atención a estas cosas tan pequeñas.

En la esfera emocional no se ha inventado el dinero, los intercambios se hacen por otros criterios más humanos: “Si le caes bien al verdulero, pues te regala la fruta y ya está". Todo esto me parece muy bien, pero es lo que le digo yo: "y si te toman manía y nadie quiere darte nada". Pues, está claro, que te mueres de hambre. Si ni siquiera se puede robar, ya que allí nunca hay conflictos. Mucho sentimiento, mucha luminosidad, pero te mueres de hambre como está "mandao".

Hombre, no creo que sea tan exagerado pues la verdad es que a Henar, cuando viene, se le ve bastante bien, aunque siempre suele llevarse bastantes cosas: fotografías, galletas, imperdibles... La imagino, con su vestido blanco, regalando todas estas cosas a los que le caigan bien. Claro que tampoco es tan extraño, al fin y al cabo, yo también le he regalado muchas cosas aunque no me haya ido a ningún sitio.

viernes, agosto 25, 2006

PINTOR Y LUZ

El pintor Juan Luis Rodado se quedó en Alicante. Una vez llegó de visita como un turista cualquiera y fue, poco a poco, demorando su partida. Así ha sido hasta el día de hoy. Ahora, después de varios de años, puede decirse que Alicante es su residencia definitiva.
J. Luis, en verano y en invierno, por la mañana y por la tarde, toma su caballete y se sitúa en su rincón: playa de San Juan junto a la vieja plazoleta, escorado, entre el mar, los palmerales y la lontananza del cabo de Huertas. Con este fondo retrata a los turistas interesados. Estudia sus rostros, sus expresiones y los incrusta en el lugar que tan bien conoce. Parece como si, desde siempre, hubieran formado parte de la plaza. Si, llegado el caso, ningún turista se presta a ser retratado, para J. Luis no existe ningún problema, el paisaje en sí es suficiente motivo para trabajar.


Parece extraño que un pequeño paraje haya acaparado tan poderosamente toda la atención, toda la energía del pintor. Se diría que en este pequeño lugar está volcado todo su arte. Si quisiera, podría pintarlo de memoria desde cualquier ángulo, hasta el más mínimo detalle, pero, cada nueva vez, el ojo voraz de pintor continúa escrutando como si fuera la primera, indagando el tono de cada matiz, comparándolo con lo registrado una y otra vez en su cerebro.
Y cada día, admirablemente, descubre nuevos secretos, pequeñas sutilezas que le sorprenden. Tras cada hallazgo, siempre se hace la misma pregunta que no acaba bien de comprender: ¿Cómo no me habré dado cuentas antes de esto, si es así, si siempre ha sido así, si es evidente...?

J. Luis está seguro que esta plazuela abierta por dos costados a la luminosidad del mar será recordada por su obra, que dentro de pocos años llevará su nombre: Plaza del pintor Rodado, dentro de algunos años más, alguien, después de haber visitado un museo en cualquier parte del mundo, tendrá la necesidad de venir a Alicante, de buscar este lugar, de verlo con sus propios ojos y entonces, en la mirada de ese desconocido, cuando ya J. Luis haya desaparecido, volverá a estar presente la verdadera esencia de este lugar, igual que, ahora, día tras día, está siendo interpretado bajo la profunda forma de ver del artista Rodado.
Pero todos estos desvaríos no le ocupan más de algunos segundos.

A veces, el pintor piensa que estar restrigido a cuadros tan repetitivos puede estar restándole potencial creativo, entonces se impone la tarea de buscar otros temas. Con disciplina consigue abandonar su plaza y pintar algún otro paisaje, alguna nueva escena, pero no es, en absoluto, lo mismo. Las nuevas imágenes son como desconocidos con los que hay que guardar las distancias y la profundidad ya no es posible.
Al día siguiente, arrepentido, como si hubiera cometido alguna infidelidad, vuelve de nuevo a su rincón, inmerso en la tarea a la que está dedicando su vida de manera más que satisfactoria.

No obstante, cuando el autor mira sus cuadros terminados hay algo que no acaba de convencerle completamente. Se podría decir que ha encontrado su paisaje: el mar, las palmeras, las piedras grises,... pero le falta algo, algo imprescindible, el rostro que encaje con aquel lugar, que lo impregne de naturaleza humana.
Cada día espera la llegada de su modelo. Cuando algún turista se sienta frente a él, cuando inicia la tarea de analizar sus rasgos una frase acude a su mente: “¿Será él?” y, posteriormente, con tristeza: “No, éste no es”.
¿Cuántos años serán necesarios para encontrarlo?. A veces se sienta en las terrazas del paseo marítimo y se distrae observando los rostros. Temporada tras temporada van cambiando, los rostros jóvenes van madurándose, aparecen nuevos rostros infantiles y se echa de menos algunos que se habían convertido en familiares, pero el que él espera todavía no ha llegado. Quizás nunca lo haga.

Ya es tarde, es la hora de recoger. Limpia y guarda con paciencia los pinceles. Antes de ir a casa se pasará por el mercado que todavía debe estar abierto. Comprará algún pescado para la cena y una buena botella de vino. También algún capricho para mañana domingo. De vez en cuando, hay que regalarse algo extraordina...
Entonces la vio.
Entre la gente, caminando tranquilamente hacia el rincón donde tiene instalado todavía su puesto. Llevaba un sombrero, un vestido claro, despedía una luminosidad indefinible.
Era Ella. Su modelo.

J. Luis Rodado no sabía muy bien qué hacer. “¿Qué se hace cuando se encuentra así, sin esperarlo, lo que desde siempre se ha estado buscando?”. No lo sabía.
La podría convencer con miles de argumentos. Hablarle de colores, de contrastes, de tonos satinados. Esa plaza y ella eran completamente complementarios, como el rojo y el verde. Pero nada de eso dijo, solamente esperó su llegada y mirando sus ojos semejantes a dos nubes lejanas le preguntó:
- ¿Cómo se llama?
- Luz
- ¿Puedo pintarla, por favor?
- Si.

Nada sabemos de Luz y posiblemente nada conseguiríamos saber por mucho que investigasemos. Era una extranjera, una mujer extraña, yo creo que de un mundo muy diferente (quien quiera conocer algo más sobre Luz debe acudir a este otro blog, de donde es originaria).




Albina, la claridad de su piel se mezclaba con la de su vestido y, ésta, con la de sus alargados cabellos, cubiertos con un luminoso sombrero.

El pintor J. Luis Rodado, nacido en Villainfantes de Don Quijote el 14 de Abril del año 1954, a sus 52 años, se encontraba frente a su trabajo más difícil, estaba a punto de ejecutar lo que sería su obra maestra.
La hora no era propicia (demasiado tarde), las sombras se alargaban en odiosos tonos azulados, pero los ojos del artista ya se habían puesto a trabajar. Matemáticamente, separaba el grano de la paja. Esbozó rápidamente la figura de la mujer incrustándola como la pieza de un puzzle en la plaza, esa plaza abierta en dos de sus laterales al ondulante mar.
Con ella presente cada trazo, tantas veces repetido , cobraba un nuevo significado, una nueva dimensión que la mirada del pintor sabía desentrañar hábilmente. Sin indecisiones el trabajo avanzaba. Únicamente la piel albina de la mujer provocaba alguna dificultad para encontrar tonalidades tan sutilmente aproximadas al puro color blanco. Poco a poco, los trazos del pintor iban haciendo surgir del lienzo la realidad de la plaza.
Entonces la muchacha sonrió. Fue una sonrisa leve, pero suficiente para azuzar el rumor del mar, para balancear ligeramente las altas ramas de las palmeras.
Había que cambiar todo, casi empezar desde el principio.
J. Luis Rodado había estado tanto tiempo preparándose que, de manera inapelable, iba corrigiendo pacientemente pincelada tras pincelada hasta que, tras una pequeña pausa para ver la obra en su totalidad, la dio por terminada.
Respiró satisfecho. El cuadro se llamará: “Luz en la plaza del pintor Rodado”

Iba ya a quitar el lienzo del caballete para mostrárselo a su modelo cuando se dio cuenta que la mujer prácticamente no estaba. Únicamente existía una silueta. La piel de la muchacha era tan blanca, tan uniforme que las sombras eran imperceptibles.
El rostro del pintor se demudó.
Miró el cuadro, miro su modelo. Todo estaba proporcionado, todo encajaba pero la mujer no estaba, había desaparecido del cuadro.

Entonces Luz intervino:
- No te preocupes, siempre me pasa lo mismo. Ni siquiera salgo en las fotos. Como soy tan blanca nadie ha conseguido dibujarme todavía.
J. Luis Rodado no comprendía nada. Por más que miraba al cuadro no conseguía percibir ningún error por pequeño que fuera.
- Lo volveré a intentar mañana, pasado mañana, los días que hagan falta... Lo mejor será probar a una hora anterior. Con más luz, con mucha luz.
- Con más luz es imposible, mejor de noche. Vas a tener que utilizar alguna técnica rara. Una vez alguien intentó pintarme cambiando los colores, como un negativo. La verdad es que, aunque se veía completamente negro, en algo sí que me parecía.

J. Luis, apesadumbrado, le extendió el cuadro para que, por lo menos, pudiera admirar la plaza, el mar, las piedras grises y las alargadas palmeras.
- Toma, es el primer intento. Te lo regalo.
- “Anda, estoy sonriendo”, dijo Luz.

En efecto, entre las sombras de las palmeras y el sonido del mar allí estaba la sonrisa de Luz, y, perfilando la sonrisa, los hermosos labios, la brillante expresión de sus ojos, los albinos cabellos de la muchacha bajo el blanco sombrero.
- Muchísimas gracias. No sabes la alegría que me das. Llevo años buscando algo así.

Y acercándose la modelo besó los labios del pintor.

Que se sepa, es la única vez en la historia que un fantasma, un ser del otro mundo, ha besado a un ser de carne y hueso, como nosotros.

Mientras Luz se marchaba hacia no sabemos donde (insisto, quien quiera saber algo de este personaje lo ha de buscar en un mundo diferente), el pintor acertó a decir:

“Nieves en la plaza del pintor Rodado”, el cuadro se llama “Nieves en la plaza del pintor Rodado”.

jueves, agosto 17, 2006

El mundo a partir de una baldosa


A la edad de veintisiete años se dio cuenta que se encontraba en el mundo; hasta entonces algo sospechaba pero nunca tuvo una conciencia clara del significado.
Este descubrimiento lo hizo mientras miraba una de las baldosas del cuarto de baño. La baldosa atrajo poderosamente su atención y, al cabo del tiempo, el silencio se hizo patente como una señal clara de confirmación. Durante un instante quedaron aislados él, la baldosa y el silencio, como lo único que era necesario para percibir este misterio, o al menos así fue como a él le pareció.

A causa de la forma cuadrangular de la baldosa concibió el mundo como estructura repetitiva que contenía, capturaba y daba soporte al resto de las cosas, como cuando te invitan a una casa y vas de visita.
Las ciudades, los paisajes, cada niño son así porque el mundo los ha atrapado, los ha hecho suyos asignándoles una posición, una función dentro de él. No hay posibilidad de poder escapar. El mundo consiste en las cosas que contiene.

Pertenecer a este mundo parece increíble, llena de perplejidad. Si hubiera descubierto el mundo oyendo las olas o probando un pastel de chocolate, por ejemplo, la sensación que le transmitiría sería complemente diferente. El mundo no puede ser de otra forma, sino tal y como se percibe. Salió del váter muy callado, contemplando.

Desde entonces se fija más en las cosas, ahora le parecen distintas.

miércoles, agosto 16, 2006

ASOCIACION PARA LA LIMPIEZA DE MONEDAS


Como es bien conocido, las monedas son con diferencia el instrumento de intercambio masivo más utilizado; de ahí la necesidad de su desinfección y limpieza. Nosotros, la asociación para la limpieza de monedas, MCPA (Money Cleaning and Pestering Association), implantada en todo el mundo, realizamos esta importante función social.
Sin nuestra intervención, las monedas serían el principal foco de contaminación y transmisión de enfermedades existente. Piénsese el estado de desamparo en que se encontraba la humanidad antes de nuestra fundación, en 1251, tras la epidemia de peste negra que asoló Europa.
Nuestros agentes voluntarios, diseminados por todo el mundo, se sientan en las esquinas pobremente vestidos, para encubrir de alguna manera la importante tarea que realizamos y que no cunda la alarma social, y solicitan humildemente las monedas. Una vez en nuestro poder son convenientemente tratadas y desinfectadas, poniéndolas de nuevo en circulación.
No obstante, debido a un cambio en los hábitos caritativos de la clase media, hemos observado una disminución preocupante del número de monedas tratadas en los últimos años.
Solemos introducir publicidad en TV de uno de nuestros productos limpiadores: "Cilit Bang", pero el ciudadano medio continúa inexplicablemente sin desinfectar sus propias monedas.
Hace unos años, como medida excepcional, tuvimos que cambiar todas las monedas en la mayoría de los países europeos inventándonos el euro, ya que el grado de contaminación era alarmante.
Otra vez nos estamos acercando a esos niveles sin remedio. Una minoría de personas, altamente responsables, " se olvidan" las monedas en los pantalones y las lavan junto al resto de ropa. Este gesto, muy loable por otra parte, no es sin embargo efectivo ya que únicamente se elimina un 6% de suciedad.
Por favor, conciénciese. Colabore con nosotros. El intento de introducir de tarjetas de credito no ha dado los resultados esperados. Los gobiernos están desesperados pero no se atreven a confesar la amplitud del problema. Somos la única solución posible.


Junta Rectora de la Asociación para la Limpieza de Monedas.
Federación Nacional de los países de España, Andorra y Portugal.

lunes, agosto 14, 2006

DOLENCIA MUSCULAR



Nadie me había alertado de lo que era una consulta “multiactiva”, es decir, donde el diagnóstico se obtiene a partir de pruebas y análisis “in situ”, así que, como era la primera vez que acudía, iba completamente desorientado. Llegué antes de tiempo y una especie de enfermera, muy simpática, sin parecer esforzarse en serlo, me atendió al llegar. Le expliqué mi caso por encima, un pie que se quedaba "dormido", con pequeños calambres, cuando me encontraba inactivo en ciertas poisiciones.
Muy bien, debe ser de la circulación de la sangre. Como en la sala de espera había otro paciente con una dolencia similar a la mía, empezarían enseguida a tomar datos. La enfermera nos presentó. Por lo visto íbamos a seguir la terapia en común. Mientras el doctor disponía de tiempo, debíamos contarnos el uno al otro nuestras respectivas dolencias y cómo creíamos de se deberían resolver. La conversación se estaría grabando. Los datos que se recogen en el inicio son de vital importancia ya que no están influenciados por ninguna de las pruebas posteriores, nos advirtió la enfermera, para que fuéramos tan sinceros como nos fuera posible.
Mateo, el otro paciente, según contaba, no era capaz de doblar la rodilla izquierda tanto como la derecha, por lo que sus andares no eran simétricos. Si continuaba así posiblemente derivaría en una lesión de columna. Para resolverlo, me dijo, se podía mediante un mecanismo limitar el movimiento de la rodilla sana pero él prefería dotar a la otra del movimiento normal.
Iba yo a contarle lo de mi pie, bastante mosqueado, por cierto, pero me dijo que no: como yo era nuevo en esto no conocía las normas, ya que antes de revisar un segundo caso teníamos que formarnos una opinión conjunta sobre el primero. A mí, me parecía bien su planteamiento y no tenía mucho que añadir, pero Mateo no estaba del todo convencido. Me hacía preguntas sobre su rodilla, sobre las formas de andar, se levantaba y ensayaba cada movimiento... En resumen, que estaba yo allí, recién llegado, sin saber absolutamente nada de medicina, intentado convencer a un enfermo, basándome en los disparates que de buenas a primeras se me iban ocurriendo, que el mejor tratamiento posible para él, era justamente el que él mismo había dicho antes. De locos. Como la cosa no avanzaba, entre medias, Mateo me contaba el funcionamiento tan vanguardista de estas nuevas terapias y la total fe que dispensaba al doctor y a sus procedimientos. Son los más avanzados de Europa, fue lo que dijo, sólo comparables a los del Instituto Clínico de La Habana y, por supuesto, a los aplicados, ya en fase extraexperimental, en el Japón.
Por fin, Mateo descubrió algo en su rodilla enferma que lo convenció de manera tajante para ejercitarla. Sin duda, en breve, estaré completamente recuperado, concluyó.
Había llegado mi turno. Le miré de arriba abajo, pero Mateo seguía sin inspirarme ninguna confianza. Le expliqué, no obstante, lo de mi pie y como terapia propuse un par de semanas de reposo y recuperación. Pareció conformarse con mi criterio e incluso lo apoyó con algunas observaciones, pero cuando menos lo esperaba se le ocurrió la teoría de la intervención quirúrgica. Era muy sencillo. Se abría a la altura de no se qué huesos y se exploraban los tendones para disponerlos en la posición correcta.
Iba yo a replicar que no estaba dispuesto en absoluto a operarme, cuando a través de la Megafonía se anunció mi nombre completo. Mateo me indicó que debía de dirigirme a la sala que se encontraba al final del pasillo, hacia donde me encaminé. Enseguida apareció la enfermera, cuya sonrisa se había desvanecido, indicándome que debía seguirla. Entramos en una especie de sala de intervención decorada completamente en blanco donde dos camillas se alineaban en paralelo. Cuando estaba cerrando la puerta, por el fondo, observé como traían a Mateo en una silla de ruedas.

En las intervenciones multiactivistas dobles suelen obtenerse resultados extraordinarios. Mateo y yo fuimos tratados en paralelo con evolución óptima de ambos.
La sana competencia o competición que se establece entre los enfermos potencia la recuperación, incrementándose el nivel de calidad de la sanación y disminuyendo el tiempo de convalecencia.
Si a esto se añade la tarjeta sanitaria por puntos (cada vez que enfermas te quitan puntos y cuando te recuperas, según el tiempo invertido, se van sumando) el nivel de salud aumenta exponencialmente.

Me recuperé, tras dura pugna, antes que Mateo, pese a su larga experiencia (3-2, despues de la prórroga). En la actualidad, tras unas cuantas competiciones sanitarias más, me encuentro en semifinales de la división de "Traumatología: recuperación de extremidades". Como se ve en la imagen, a falta de dos días, voy ganando por 6 a 2. Se puede decir que el año que viene ascenderé a primera división de profesionales: "Cirugía estética".
Ya os contaré como me va en la división de Honor. El objetivo en principio es la permanencia dentro de la categoria, pero no renuncio a nada. Yo creo que podré mejorar bastante: mentón, narices, liposuciones... Quien sabe, puede que el año que viene me encuentre en competiciones europeas.

miércoles, agosto 09, 2006

El aire tiene alas




A ella le gustaban los pájaros y el viento. Los miraba acercarse juntos, recortados sobre la claridad del campo lejano. No parecía que pudieran existir los unos sin el otro. Cuando los pájaros vienen, las ramas se curvan y suben hasta arriba las cometas.
Todavía lejos, los miraba de frente, confundidos, y el aire en sus cabellos, que era quien llegaba primero, le hacía que creyera que también, algún día, ella se iría como cualquier otro pájaro.

lunes, agosto 07, 2006

PREMIO ÚNICO



Cuando a Henar le tocó la lotería se puso muy contenta y como no sabía muy bien lo que tenía que hacer, hizo lo primero que se le ocurrió que fue subirse a la terraza y ponerse a bailar. Allí fue anocheciendo y como se le había olvidado la música abajo estuvo bailando mirando a las estrellas hasta que parecida a una de ellas se fue quedando dormida, como si fuera un sueño.

El día siguiente no llegaba (las noches en una terraza suelen hacerse muy largas) y la cabeza de Henar, a causa de la excitación que provocan los deseos largamente anhelados, empezó a impacientarse, llegando incluso a dudar que la fortuna le hubiera sido tan favorable. Como su cabeza se impacientaba, Henar le encargó varios ejercicios. El primero consistía en meditar acerca de lo que, en estos casos, resultaba conveniente hacer. Y la verdad fue que tuvo mucha suerte, ya que enseguida, mucho antes de que lo tuviera resuelto completamente, se hizo de día y pudo ponerse manos a la obra.

Estas eran las actividades que la cabeza de Henar, en su análisis, había dispuesto ejecutar de manera secuencial durante la mañana siguiente :

  • Bajar de la terraza
  • Bajar al baño y lavarse
  • Desayunar leche con miel y tostadas
  • Deshacer la cama
  • Comprobar que el billete de lotería existía
  • Bajar a la calle y comprar el periódico
  • Comprobar que el número del billete de lotería coincidía con el número premiado que viene en el periódico
  • Ver el premio que le había correspondido y apuntarlo en un papel.
  • Almorzar té con limón y galletas saladas
  • Ir a donde tuviera que ir para que le dieran el premio.

No obstante, como ya era muy rica, Henar se dio cuenta que no tenía por qué seguir instrucción alguna por mucho que hubiera sido su cabeza quién la hubiera decidido, así que trastocó los planes y se quedó en la terraza sin querer bajar.

Mientras, en el piso 3º-A había un terrible revuelo. Se descubrió que Henar no había pasado la noche allí, debido a que nadie la había escuchado lavarse y, además, para colmo, su cama no estaba deshecha. Se pusieron a buscarla por todos los sitios, sin resultado.

Llamaron a todas sus amigas, en casa de las cuales, en ocasiones especiales, fingía irse a dormir cuando en realidad se iba a dormir a otro sitio.

Como sus amigas no estaban avisadas, no sabían bien qué decir y se inventaban excusas inverosímiles que, únicamente, provocaron un gran desasosiego en el ánimo de su enormemente desgraciada abuela, que era quien más la quería, aunque no solía demostrárselo.

Estas fueron las excusas que, desde el más puro desconocimiento, inventaron en cuestión de breves segundos las amigas de Henar:

Eva: Henar había dormido en su propia casa, pero, a la hora de marcharse, se había quedado encerrada en el ascensor con otra amiga. En pocos minutos llegaría el técnico y las rescataría.

Laura: Al día siguiente tenían un examen de Ciencias Sociales y Henar se había quedado a estudiar toda la noche con una amiga cuyo nombre no recordaba. Si querían encontrarla debían ir al instituto a las 12:00, hora del examen.

María: Henar había salido de su casa hacía unos cinco minutos. Iba en un taxi. Si el tráfico no presentaba problemas, estaría a punto de llegar.

Cuando estaban a punto de llamar a la policía, a Henar le dio por bajar de la terraza y confirmó lo que realmente había ocurrido. En efecto, había estado estudiando Ciencias Sociales en casa de Eva, quedándose encerrada con María en el ascensor, a la cual, después del susto, había acompañado en un taxi a su casa.

También les dijo que le había tocado la lotería y que ahora se iba a cobrar el premio, aunque a esto último nadie prestó atención, no se sabe si porque no se creyeron nada o únicamente esto último.

viernes, agosto 04, 2006

La boca de Henar


La boca de Henar es pequeña, parece como si no existiera. El caso es que está ahí, equidistante, a medio camino entre la curva de la garganta y el nacimiento de la nariz, pero no deja de ser una leve insinuación sin importancia.
Henar nunca abre la boca, no habla, le da vergüenza. No sé, si de pronto se pusiera a articular palabras como cualquiera de nosotros, yo creo que nos miraríamos los unos a los otros asombrados, intentando descubrir de donde podrían proceder aquellos misteriosos sonidos.
Henar tampoco come, tampoco bosteza. De no utilizarse, los labios de Henar, han ido adquiriendo un tono blanquecino, algo amoratado, como la palidez de un difunto asustado.
Henar, en lugar de hablar, mira, hace gestos con las manos, y, sobretodo, sonríe. Entonces, la cara entera se le ilumina como si, en medio de la noche, un alubión de rayos inundara un espejo. Se diría que desde siempre ha estado sonriendo por la intensidad del brillo que desprenden sus ardientes pupilas, su felina mirada.
Con Henar se puede ir al campo, al cine, a los bulevares llevándola por la cintura. En el centro de la oscuridad cobra protagonismo. Mirándola parece que se mirase una lejana leyenda sobrecargada de significados. Mirándola parece que una pregunta oculta se hace presente como si fuera una piedra. Entonces los pequeños labios comienzan a cobrar vida, a latir con el volumen de una respiración incasable, a crecer hasta ocupar las aceras, los patios, las pantallas de los cinematógrafos y se te acercan al centro de tu diminuta cara hasta que el calor del movimiento de la saliva te absorve tanto que quisieras decir: “Yo también te quiero”, pero no puedes.

jueves, agosto 03, 2006

10 DE LA NOCHE


A partir de las 10 de la noche tengo la costumbre de apagar las luces y empezar a reírme. Lo hago casi todos los días, es mi único vicio.
Como ya es tarde y la verdad es que no se ve nada, empiezo a reírme de los golpes que, sin ton ni son, me voy sacudiendo en mi desesperado deambular, ya que, en contraposición con mi naturaleza tranquila, en cuanto la luz desaparece no me puedo estar quieto, así me maten. Después de los primeros impactos de calentamiento y, posiblemente a causa de ellos, la euforia va apaciguándose y en su lugar me domina una serena calma.
A estas alturas me encuentro tirado en cualquier rincón de la casa que, por supuesto, desconozco. La siguiente preocupación que me inquieta consiste en procurar moverme lentamente para evitar los destrozos de los pocos objetos ilesos que todavía resisten en la casa. Cada caída supone un nuevo acicate para mis irrefrenables ganas de reir. Presto atención, me muevo con cuidado. Me aguanto las carcajadas como puedo. A lo lejos escucho a mis vecinos, los cuales tienen ocurrencias parecidas a los mías. Ellos también suelen emplear la oscuridad con alevosía, pero en lugar de reírse, a ellos les da por quejarse mucho y sobre todo llorar. Les gusta muchísimo llorar:
"¡Ay, ay, como me duele la rodilla, he debido arrearme contra el radiador!"
Imagino la pierna hinchándose y muerdo con agonía mi propio brazo para reprimirme y por lo menos no llegar a mearme de risa.
"¡Ay que lástima, donde estará mi pobre hijo. Solo tenía 17 años!"
Sí, es verdad, sólo tenía 17 años, pero bien que nos jodía subiendo y bajando con la moto a todo trapo.

Me desespero, ¿cuando conseguiré llegar al interruptor para poder parar de reirme?. Siempre igual. Un día tras otro, siempre lo mismo, sin remedio. No puedo superarlo. Poco a poco voy tomando conciencia de la situación en que me encuentro. Una terrible tristeza se apodera de mí.
¿Qué estoy haciendo con mi vida?. ¿Cómo no acabaré de una vez con todo esto?.
Un nudo me aprieta la garganta. Casi me cuesta respirar. Las lágrimas se agolpan en los ojos y empiezo a gimotear entrecortado, como un niño.

A lo lejos escucho de nuevo a mis vecinos. Los muy cabrones no paran de troncharse de risa.