HOY
Alguien
a veces
alguna vez
es feliz.
No rompas
nunca
una frágil
historia
de belleza
irrepetible.
Sonrie
contagiosamente
como fiel
muestra
de apoyo.
Solidaridad
Obrera.
Algo
regresará,
algo
agitado
se reproducirá
jadeando.
Nada
se fue.
Poesía pataleada
Alguien
a veces
alguna vez
es feliz.
No rompas
nunca
una frágil
historia
de belleza
irrepetible.
Sonrie
contagiosamente
como fiel
muestra
de apoyo.
Solidaridad
Obrera.
Algo
regresará,
algo
agitado
se reproducirá
jadeando.
Nada
se fue.
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Asir
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Estuve tan solo
que tu boca
me pareció el mundo.
Se puede nadar,
correr sobre olas
y saltar
entre mordientes rocosos
y la saliva salada.
En tu boca nunca hace frío
porque es verano.
Te cambio la boca
por mi mundo.
¿o me cambio
del mundo éste
a las rojas playas
silenciosas
de tu boca?
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8:15 a. m.
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La senda que llega hasta tu nuca
empieza en algún lugar de
un hospital donde lloran
recien nacidos.
Después se pierde en parvularios
y por los toboganes que hay
sobre la arena
de los parques alejados.
Pasa por la compra ilegal de litronas
y cruza manifestaciones antifascistas
no autorizadas.
Para llegar hacia tu nuca hay que estar
en playas al atardecer
invadidas de mar,
esperar
en las bocas
oscuras de los metros
y perderse por los pasillos
que atraviesan
algunos ojos
verdes.
Una vez cerca de tu nuca
hay que volver a empezar.
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7:41 a. m.
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Cada noche
me fui quedando dormido
mientras te miraba.
Eras tú, la de siempre,
aunque a mí me parezca
que sabía hoy
poco de tí.
Cuando duermes
es como si desaparecieras
y otra mujer
diferente
se agitara
en tu leve respiración.
A tu lado
necesitas unos ojos nuevos
que te sigan soñando
mientras sueñas.
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6:33 a. m.
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10:03 a. m.
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Hasta aquí me llegó la ayuda.
Desde ahora ya no queda nada.
Ni muerte,
ni nacer a diario.
Porque, bien mirado, no hay mucho que mirar.
Son falsas las fotografías
y las noticias en los periódicos.
Las palabras se han ido quedando vacías.
Incluso la gente que cruza los semáforos
y se congrega en los vagones
son de mentira,
puras ilusiones
andantes.
Era el único que podía
haberse rescatado
pero también acabó mirándose
en el espejo.
Hasta que no quedó nada.
Hasta aquí me llegó tu ayuda.
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12:24 p. m.
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He de decirte que te aprecio mucho
por lo que dices,
por lo que haces,
por cómo lo dices,
por lo que pudiera
parecer que haces.
A tu lado me encuentro muy bien,
lo confieso.
Como no haces ruido
y eres tan silencioso,
no me molestas en absoluto.
Nunca me has fallado
y creo que ya es hora de pedírtelo:
¿don nadie, quieres casarte conmigo, guapo?
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9:11 a. m.
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Como escalar la montaña,
como un libro de música
o el amor.
Creo que soy una ilusión.
Una ilusión sola
cumpliéndose
o ya cumplida.
Una vez descubierto
me veo ligero,
como esparcido en el aire.
¿Cómo regresar
a ser la ilusión real
que otros creen?
Yo que quería mirar a la luna
y dormir rodeado de pájaros
algún día.
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1:38 p. m.
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Ella
no tiene tacones
ni es libertaria.
No quiere derrocar al rey
pero yo le daría muchos besos.
En realidad,
nunca sabré decir
lo que, para mí, encierra ella.
Ahora es fotógrafa
de flores resucitadas.
La vida, siempre que me ve,
me pregunta por ella.
Es un misterio por qué
todas las noches se reúnen con ella.
Me tienes bastante asombrado,
lejana tú.
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10:37 a. m.
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Me gusta mirar las cosas que vuelan.
Mirar los pájaros,
las bolas que suben, (de golf)
los globos
y también los cometas.
Las estrellas todavía están muy lejos.
Solo me faltas tú.
Porque tú puedes volar
en el aire.
Igual que antes.
Quizás ya no vuelas
porque sabes que alguien desde abajo
estará mirándote.
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Asir
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9:55 a. m.
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Ayer, en la consulta de la doctora Mollejo, se confirmaron las sospechas, es decir, se descubrió que el paciente Pempere (aquí presente) es hipertenso.
Mi corazón trabaja con una presión de sangre excesiva, por lo que tiene que desarrollar mucho esfuerzo y llegado el caso podría fallar.
Contra ello me han recetado un medicamento con el efecto de dilatar las arterias.
De esta manera, por causas externas, se disminuye artificialmente la tensión arterial pero no se ataca la raíz última del problema.
La doctora Mollejo, sin embargo, mediante la aplicación de un sencillo cuestionario intenta revisar mis pautas de comportamiento para indagar en las causas originales y adaptar, saludablemente, mi forma de vida actual con la nueva condición de hipertenso.
-¿Fuma usted?.
-Sí, unos veinte cigarrillos.
-Eso le perjudica, tiene que dejar de fumar
-¿Bebe alcohol?
-Sí, cervezas y cubalibres.
-Completamente prohibidas las bebidas alcohólicas.
-¿Toma café?
-No
-Puede tomarlo sin restricciones.
-¿Le gusta la carne roja, el marisco ...?
-No, prácticamente no como nada de eso
-Bueno, entonces puede tomar todos estos alimentos en la cantidad que quiera.
-¿Toma pan?
-Sí, bastante.
-Ni probarlo.
-¿Drogas: heroína, cocaína, anfetaminas?
-No
-Bueno, en cualquier caso podría tomar todas las drogas que quisiera con entera libertad.
Le pido a mi doctora si hay una regla sencilla para poder recordar cuantas prohibiciones y autorizaciones existen.
Me confirma que la regla es muy sencilla: “Tengo prohibido hacer cualquier cosa que me guste y realice con asiduidad. Cuanto más te guste, más prohibido está. El resto de cosas está permitido”.
No estoy dispuesto a aceptar tanta arbitrariedad e inicio con gran ánimo y convicción mis protestas, pero la doctora Mollejo, con infinita paciencia, me explica cuán equivocado estoy.
En efecto, no es posible que la causa que haya provocado mi hipertensión sea algo que nunca he hecho. Por lo tanto, todo lo que no hago o nunca he hecho, necesariamente, tiene que estar totalmente permitido.
En cambio, lo más probable es que la causa que buscamos sea un hábito frecuente, que provoque cierto placer, de ahí su constante repetición. Por eso se han de prohibir todas las cosas apetecibles.
Me convence completamente mi doctora. La exposición no tiene fisuras.
Trato de buscar en mi interior la raíz del mal. Alguna cosa que me provoque mucho placer y sea la causa de mi enfermedad. No lo encuentro.
Por último, circunstancialmente, le comento a la doctora que me gusta muchísimo ir cada mañana al trabajo, donde disfruto enormemente con las actividades que allí se practican.
Inmediatamente la doctora Mollejo me da la baja indefinida.
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Asir
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8:28 a. m.
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El pez luna nació de noche y se mantuvo oculto mientras duró el invierno.
Como era de plata, en el agua parecía como un reflejo más del sol sobre las olas curvas.
Una y otra vez, al pez luna le gustaba saltar hacia el aire en equilibrio para hacerse visible, pero necesitaba respirar dentro del agua, por lo que tenía que hundirse seguidamente hasta las regiones más frías, como le pedían sus tendencias metálicas.
En el fondo del mar también hay olas que mueven las arenas como polvo y arrastran a las más profundas caracolas. En las playas de abajo roza el mar las rocas adonde llega el pez luna en busca de oxigeno puro, como si fuera su refugio.
Quisiera estar sólo contigo dicen las olas inferiores al fondo del mar del pez luna. Debajo de las rocas del fondo del mar quizás existan deslumbrantes tesoros escondidos para nosotros y nuestras playas.
La boca del pez luna merodea las algas o las plantas marinas pero busca sabores más intensos. La boca del fondo del mar se acerca rozando con su aliento asesino las sólidas rocas. Las raíces se hunden aún más en los cúmulos de arena. La boca de la tierra acompaña la sombra del pez de plomo en su elegante paso por el mundo submarino.
Quisiera comer, va diciendo la boca del pez luna y los otros pequeños peces se esconden ante su peligroso paso.
Una extraña sensación negra de tragedia preside la vida del pez luna plateado hasta el momento en que avista el anzuelo.
Un cristal perdido en la tranquilidad del mar, parecido a otro pez luna y voraz, como él mismo.
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Asir
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7:09 a. m.
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Quiero decirte
despues de todo
que tienes la boca pequeña.
Me parece pequeña.
Creo que es pequeña
a pesar de todas las palabras que sabe decir.
Pero cuando te miro a los ojos
tus ojos son ojos inmensos,
el mar de tus ojos
nunca termina.
No tiene olas que se puedan olvidar.
A su lado, más abajo, está
tu boca pequeña.
Me gustaría que tu boca
me hablase de un mar muy pequeño,
casi juntos,
y que tus ojos
me mirasen
muy grande.
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Asir
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11:27 a. m.
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