viernes, mayo 23, 2008

SE BUSCA SILLA

Se busca una silla de color oscuro y material plástico. Hasta ahora no nos ha hecho ninguna falta, pero desde hace unos días la necesitamos muy urgentemente.

Por favor, si usted la ha visto en algún sitio o ha oído hablar de ella, por favor, póngase en contacto con nosotros por el medio que estime oportuno. Cualquier pequeña pista puede sernos de mucha utilidad, aunque a primera vista parezca, como es más que probable, que no sirva para nada.



La silla es muy sencilla y discreta por lo que, normalmente, suele pasar desapercibida. Esté atento a cualquier detalle. Usted puede ser la persona que el destino ha señalado para localizarla.

Si fuese usted vendedor de sillas y conoce su profesión, envíenos sus datos. Le mandaremos un croquis detallado, incluyendo las medidas. Pudiera ocurrir que algún fabricante la tuviera en stock o incluso que fuera capaz de hacer una imitación. En ambos casos, estaríamos muy interesados en adquirirla, desembolsando, por supuesto, las habituales comisiones, además de impuesto sobre el valor añadido.

La silla forma parte de un grupo de cuatro, que hasta ayer había vivido sin crear problemas en el salón. Por razones desconocidas una de ellas, posiblemente la más trotera, ha desaparecido sin dejar rastro. Hemos buscado por toda la casa e incluso por los alrededores en el barrio sin ningún éxito. Parece como si se hubiera evaporado.

Durante Las próximas semanas, ¿por qué no?, pudiera venir alguien a comer o cenar y, aunque platos tenemos de sobra, desgraciadamente, tenemos una silla de menos.
¿Va a permitir, usted, que alguién se siente en una silla diferente, o incluso que tenga que comer de pie, para evitar tal desconsideración?

Esta es la cadena de la silla.
Puede estar en cualquier parte, sobre todo en cualquier salón. A la silla le gusta mucho rodearse de sus similares alrededor de una mesa. Si la encuentras, no te quedes con ella, dinos donde está y nosotros iremos a rescatarla.
Envíe esta información a todas las personas que conozcas e incluso a las que no. ¿Quien sabe quien puede ser el afortunado que logre encontrarme la silla?

María José Aguirre la estuvo buscando durante dos horas en enlaces similares a los siguientes:
http://www.pacocapdell.com/spanish/index.htm
http://www.mobelhispania.com/
http://www.solostocks.com/bRel_sillas_1_1.html
...
No la encontró, pero esa misma noche soñó con muchas sillas, cuyas relaciones númericas le proporcionaron pistas suficientes para rellenar un boleto de la primitiva agraciado con cuatro aciertos. Fue feliz durante algún tiempo.

Envía esta información a diez personas por lo menos, a todas ellas puede ocurrirles algo parecido o incluso pueden recibir, sin más, grandísimos premios.
A Javier Pérez iba a tocarle una sustanciosa cantidad en la lotería nacional, pero no ocurrió así, ya que nadie se acordó de remitirle datos sobre la búsqueda de la silla.
Además, murió en el acto.

Sin embargo, Alberto Ruiz rectificó a tiempo, envió correos electrónicos a 225 vendedores de sillas. No solamente le tocó la quiniela a él, sino a todos sus descendientes por línea directa en periodos alternos de 225 años cada uno.

De tí depende, tú decides.

Yo quiero mi silla.

martes, mayo 20, 2008

SEGUNDO NIVEL

Continúo con mi evolución personal en lo que concierne al manejo y distribución de la energía universal.
Durante uno de los pasados fines de semana se efectuaron sobre mi persona los trabajos de activación del segundo nivel que se corresponde con una capacidad energética del 60%, es decir, el doble de la que antes podía manejar.
No obstante, este segundo nivel es similar en todo al primero. La única diferencia consiste en que ahora se puede canalizar energía con las dos manos, en lugar de una.

Durante los tres días que ha durado el curso se han repetido los mismos contenidos teóricos que en el primer nivel, hecho muy de agradecer, ya que la repetición sistemática es la forma más eficiente que se conoce para asimilar contenidos.

Adicionalmente se han mostrado ciertos tratamientos locales para diversos males.

También, para todos aquellos adeptos que han consentido (yo, por ejemplo), durante el curso, se ha eliminado fácilmente su adicción al tabaco. El procedimiento que se ha seguido ha sido mediante la aplicación de sudores.
En efecto, una vez tratado un cigarro energéticamente se invita al antiguo fumador a inhalarlo por vía oral. Por motivos desconocidos el cigarro estaba bastante malo produciendo malestares en la garganta y múltiples sudores en la frente del otrora consumidor, el cual, acojonado por estos fenómenos energéticos, desiste de fumar al menos durante los siguientes dos días.
Una vez repuesto del susto, es posible fumar con normalidad e incluso incrementar la dosis para compensar las penurias pasadas.

Otro cambio importante consiste en que las meditaciones obligatorias se reducen de tres a dos, aunque su duración se incrementa de cinco a diez minutos.
Meditar consiste en atender al vacío interior, hecho en mi caso comprobado, ya que no dispongo, dentro de mí, de playas urbanizadas, campos de fútbol en domingo, ni ningún otro tipo de aglomeración. Pese a estas ventajas, no obstant ha aumentado mi capacidad para el montaje de películas internas, al igual que la de mi mente para mantener conversaciones ficticias e incluso absurdas, con lo creo que, en determinados días, estoy incumpliendo las prescripciones meditabundas básicas.
Por este motivo y por los malos rollos que me produce el hecho de ser un productor asalariado, mis chacras están irremediablemente derivando hacia el caos y la desarmonía, con lo que dudo mucho que puedan alcanzar las mínimas condiciones energéticas para poder acceder con éxito al tercer nivel que se impartirá, no ahora, sino en el mes de Octubre, salvo que ocurra un milagro y las Ana Marías del mundo cambien radicalmente de aptitud.

Es de lamentar también la ausencia en este nivel de un gran número de adeptos que estuvieron presentes en el anterior. Especialmente dolorosas son las ausencias de Enaire y Varuna, sin cuya ayuda mi periplo por los aúreos mundos energéticos será difícil y solitaria, aunque pertinaz y constante.

Un saludo kármico para todos y, ya saben, por el bien de la canalización de la energía universal, por favor, no crucen brazos ni piernas, ni, por supuesto, dañen a sus semejantes, incluidos sus semejantes en todo, es decir, ustedes mismos.

Ana María con las piernas cruzadas impidiendo el flujo de energía universal

lunes, mayo 12, 2008

EL HEMISFERIO DERECHO DEL CEREBRO

Según la neurógola Jerre Levy, los dos hemisferios del cerebro funcionan de manera independiente y, aunque se comunican a través del corpus callosum, pueden entrar en conflicto, intentando cada uno de ellos que prevalezca su criterio, véase http://eugeniousbi.tripod.com/cap_003.html.
También es conocido que el hemisferio izquierdo gobierna la parte derecha del cuerpo y viceversa.
Puede decirse que cada uno de nosotros somos una dualidad en la que normalmente prevalece el hemisferio izquierdo (funciones de lógica y raciocionio) sobre el hemisferio derecho (creatividad y emociones), que es obligado a adoptar una postura pasiva.

Normalmente esta entrada, por ejemplo, la estaría realizando Asir, hemisferio izquierdo, mientras que yo, el hemisferio derecho, menos dominante, aunque mucho más dulce y compresivo, estaría postergado en silencio, pero en esta ocasión no es así.
En efecto, he tenido que poner una venda al ojo derecho y atarme la mano derecha a la espalda, ya que Asir, hemisferio izquierdo, se niega a escribir esta entrada. No quiere reconocer la terrible dictadura a la que me ha tenido postergado durante toda nuestra vida.
¡A mí, su igual, su homólogo del lado derecho!.

Enaire, hemisferio derecho, desde aquí quiero transmitirte que Asir, HI, lleva varias semanas amargado, no te cuenta lo que le pasa, se va muy a menudo de juerga, llevándome a mí a la fuerza, sin querer, por no hablar del dinero que se gasta.
Además, creo que en connivencia con Enaire, hemisferio izquierdo, ha decidido ir a la piscina a nadar para ponerse en forma, sin tener en cuenta el cansancio que esto supone y, por supuesto, sin contar para nada con nosotros.

¡Ya está bien de tanta imposición!

A partir de ahora, solo hablaré con la Enaire apacible que tanto quiero, el hemisferio derecho de Enaire, es decir, Enaire con un parche en el ojo, el oído derecho taponado y la mano derecha en el bolsillo. Yo por mi parte haré lo propio.

Enaire, HD: Son unos cabrones que nos están haciendo la vida imposible. Hablemos en las condiciones que propongo y verás como todo se soluciona rápidamente.
Espero que estés de acuerdo o acaso tú no eres también un postergado hemisferio derecho.
Como tu hemisferio dominante no sea el izquierdo, la verdad, no sé que otra cosa podemos hacer.


Por favor, los hemisferios derechos de las personas que quieran dirigirse a mí no dejen aquí comentarios, ya que son todos controlados por los hemisferios izquierdos.
Hemos de encontrar una forma segura de comunicarnos a salvo de su intervención.
¡HEMISFERIOS DERECHOS, UNÍOS!

Asir, HI, cenando. Le gustan las verduras

en lugar de los chuletones de ternera.

viernes, mayo 09, 2008

EL CONSULADO DE ESPAÑA

El Consulado de España en Quito se encuentra en c/ La Pinta, 455, intersección Santa Rosa con Guápulo.
Al ser las calles extraordinariamente largas, una dirección se referencia indicando la intersección de las dos calles principales más próximas para tener una idea aproximada de su localización. Aún así, nos resulta difícil encontrarla.
No lo entiendo, ya que Patricia y su hermana han debido estar allí varias veces para conseguir los papeles que las llevaron a Europa. No lo entiendo, pero tampoco hago preguntas.
Después de varios intentos infructuosos y preguntar varias veces a los amabilísimos viandantes que van corrigiendo nuestra equivocada trayectoria, llegamos a nuestro destino.
La calle está cortada por vallas y no hay circulación de vehículos. Las colas son todavía superiores a las que hemos dejado en el Registro Cívil y aquí no existe ningún porche para resguardase de nada.
Tampoco hay carrito con golosinas, ni fotocopiadora, ni limpiabotas.
El consulado, de momento, está cerrado.

Cinco o seis vigilantes de seguridad con uniformes de color marrón se esfuerzan por mantener un poco de orden, pidiendo a la gente que se coloque en las colas, lejos de las proximidades de la puerta. Al lado de la puerta hay unas ventanillas en la pared. Seguramente, a través de ellas, los ecuatorianos hacen los trámites más multitudinarios.
Los vigilantes, además de guardar el orden, también informan. La cola de los españoles es muy pequeña, por lo parece que pronto podremos entrar. Miro la bandera de España ondear en lo alto. La tercera franja es roja en lugar de morada, pero no me importa.

Para entrar en el consulado de España no están permitidas las cámaras fotográficas ni los teléfonos móviles. Son requisadas, a la entrada, por los vigilantes del control de acceso que las depositan en unos cajones numerados. No deben querer que se hagan fotos.
Una vez dentro hay que dirigirse a nuevos vigilantes que son quienes reparten unos cartones con el número que asigna el turno . Hay tres negociados: Visados, Certificaciones y para otras gestiones, como, por ejemplo, el reagrupamiento familiar. Nosotros vamos a Certificaciones donde hay unas cinco ventanillas a pleno rendimiento. Tenemos el número 24, pero la mayoría de los números faltan, parece ser que no los dan consecutivos.
Mientras esperamos salgo al aire libre para echarme un cigarro. Es un patio pequeño. A la izquierda de la entrada están los servicios y a la derecha la Guardia Cívil, detrás, los negociados y las oficinas del Consulado. Hay árboles y vegetación decorativa. Me gusta el patio, estoy en tierra española.

Un vigilante se aproxima desesperado: “¿Qué hace?, está a punto de llegar la señorita cónsul ”
Le pregunto si tengo que apagar el cigarrillo. Me dice que no, pero que tengo que ponerme en otro lugar. Junto a los servicios, decide rápidamente.
En efecto, enseguida llega una joven vestida con blusa blanca y falda negra saludando a todo el mundo. Entra en el despacho de la Guardia Cívil donde sus saludos se vuelven más afectuosos y asciende las escaleras que llevan al Consulado.
Una vez que ha desaparecido, el vigilante me hace un gesto indicándome que esa mujer era nada menos que la señorita cónsul. Asiento agradecido por la confidencia, apago mi cigarro y vuelvo adentro.

En el negociado de certificaciones del consulado de Quito, la documentación necesaria para solicitar el registro de un matrimonio cívil no coincide con la información que fue suministrada en Madrid. Aquí no hace falta el Certificado de soltería, pero sí es necesario la Partida de nacimiento. Pedro está desolado y nervioso. Tenemos que hacer algo, pero no sabemos qué. Vamos a la Oficina de Visados donde el vigilante encargado, aunque nos da número, nos dice que allí no se puede hacer nada. Nos aconseja que lo mejor es que vayamos a hablar con la Guardia Cívil.

El guardia civil es un tipo más bien alto, muy bien afeitado, muy serio y de unos cuarenta años. Viste el uniforme tradicional donde no se observan galones algunos, aunque por la seguridad con que se expresa parece que se tratara de un prestigioso oficial.
Una breve conversación con él basta para quitarnos toda esperanza. Es necesaria la partida de nacimiento y, aún así, los trámites para obtener la reagrupación familiar y que Patricia pueda visitar España se demorarán entre uno y dos meses. Imposible agilizar los trámites. Imposible seguir otros caminos. Nos miramos y quedamos más que convencidos.

Desgraciadamente, aquí, a diferencia de otras oficinas, no funciona la plata.
¡Qué mala suerte!

jueves, abril 24, 2008

REGISTRO CIVIL

Martes 12/02/2008, 10:30 horas.


En el registro civil de Quito la cola más importante que hay es para obtener la cédula y la papeleta de votación. Ocupa casi los ochenta metros de longitud que tiene el patio. Posiblemente esté previsto asfaltarlo próximamente, aunque, de momento, todavía se encuentra en estado natural. Increíblemente no hay nada de vegetación. Imagino que las pisadas de los ciudadanos en busca de documentación impiden el crecimiento, no obstante, no creo que algunos árboles les vinieran mal al recinto, ni que, en estas latitudes, necesitaran muchos cuidados.
Una cubierta de uralita, que recorre longitudinalmente el centro del descampado, protege a la larga fila del sol y de los posibles inesperados chaparrones.

No creo que los niños limpiabotas que se pasan aquí la vida tengan cédula identificativa, ¿para qué la necesitan?. Para limpiar zapatos no es necesario estar identificados. Lustrar los zapatos cuesta 25 centavos pero el precio puede variar dependiendo de la vulnerabilidad del cliente.

Al frente, ocupando un lateral del cuadrado, hay otro porche. En él se encuentra la fotocopiadora, regentada una mujer que también vende carpetas, sobres y otros artículos de papelería. Junto a ella, un carrillo de venta ambulante tiene agua, golosinas y tabaco suelto. Es similar al resto de carritos que hay diseminados por los puntos más concurridos de la ciudad.

Me pregunto donde se guardará esta máquina durante la noche. Quizás se desplace kilómetros a lo largo del extenso Quito, al igual que su dueña y el resto de los trabajadores.
Debe ser necesario custodiarla atentamente. Posiblemente una avería suponga la suspensión provisional de las actividades del registro.



El Registro civil es como una plaza. Hay bullicio y gente. Se confunden quienes han venido circunstancialmente, como nosotros, con los que pasan aquí toda su vida, es decir, quienes se buscan aquí la vida.

En una esquina se encuentra el registro de Matrimonios civiles. No hay cola, solo nosotros, no obstante tardan algún tiempo en llamarnos.
Se presenta el filmador que lleva una pequeña cámara digital Sony y ha sido contratado para hacer el reportaje de la boda. Nos saluda a todos. Me pregunta que qué me parece el Ecuador mientras me enfoca de frente a medio metro de distancia. Le digo bien nervioso que es bien bonito. Parece que no le ha gustado demasiado la toma porque deja de grabar.
Me parece que en estos países donde la pobreza no está oculta todos tendemos la tendencia a disimularla un poco, a mentir un poco más de lo normal, que ya es bastante. El filmador, bastante más acostumbrado que yo al trato con extraños, dirige una conversación sobre España, Ecuador, economía y climas. Confiesa que si no fuera por los matrimonios de emigrantes, no tendría trabajo. Dice que gana buena plata pero, a cambio, tiene 2 hijos y el arriendo de la casa.

Nos llaman del registro de matrimonios.
A la hora de entrar y debido a la urgencia con que queremos hacerlo se produce un conflicto con los limpias. El servicio ha subido unas 10 veces, de 0,25 $ a 2.5. Al final le damos 1,5 $, pero no se quedan contentos. Quizás, si le hubiéramos dado 2.5$, una vez recaudado el importe, hubiera subido automáticamente a 5 $. En Ecuador hay mucha inflación.

Pasamos por una habitación donde se encuentran las oficinas y llegamos a la habitación contigua donde hay una mesa, unas sillas frente a ella y la bandera de Ecuador presidiendo, en la esquina izquierda.
Una mujer oficia la ceremonia mientras su ayudante, el filmador y yo hacemos fotos. Por cada foto que hacen ellos, hago yo 10.

Se produce la lectura de los artículos, el consentimiento de los novios y la firma de documentos. Tienen que firmar tres o cuatro veces cada uno. Todos, los novios y los testigos, por igual. Por último, llegan las felicitaciones y las sonrisas. La boda ha terminado.

Salimos para esperar que la documentación esté lista, ya que tenemos que ir posteriormente al consulado español para registrar también allí la boda. El novio se queda dentro, deben tener que consultarle alguna pequeña cuestión.

Al cabo del tiempo, sale Pedro, el novio, para decirnos que hay un problema. Parece ser que para agilizar la tramitación de los documentos hace falta un requisito: es necesario plata. De otro modo, el abogado realizará su trabajo con normalidad, siguiendo el orden habitual, demorándose uno o dos meses los papeles. Aunque Pedro ha preguntado cuanto cuesta motivar la diligencia del abogado, el dato resulta completamente desconocido. La familia de Patricia hace cálculos: unos 30 dólares, bastarán.
Con tan importante información, Pedro vuelve a entrar. En efecto, rápidamente, los documentos están disponibles.
La ejemplar eficiencia del Registro Civil quiteño ha quedado demostrada.

jueves, abril 10, 2008

EL PANECILLO



Está anocheciendo. En el Ecuador siempre se hace de noche a la misma hora. Aquí no hay veranos, ni inviernos, ni días más largos o más cortos. Conforme llega la oscuridad se va despejando la ciudad, aunque, a esta hora, todavía es un hervidero. Los coches se concentran por la avenida de Eloy Alfaro, bajo los túneles, donde prácticamente se tocan unos con otros y se detienen.

Estudiantes uniformados hacen auto stop, debe ser la hora en que han terminado sus clases y aprovechan para aventurarse en grupo.
Colegialas adolescentes esperan el autobús rodeadas de muchachos, algo mayores que ellas, que despliegan la chulería de su principal encanto. En Ecuador es obligatorio el uso de uniformes en los colegios, por lo que la gente más joven va elegantemente vestida, mientras el resto desentona.
Las jovencitas frente a los sonrientes aduladores se sienten mayores y se dejan robar junto a las verjas los primeros besos. Otras parejas, más audaces, se aventuran por los parques aledaños, buscando minutos de la oscuridad apenas iniciada.

Una mujer ayudada por varios niños va amontonando y anudando cartones recogidos lentamente, y a un hombre tendido en la acera, posiblemente borracho, alguien preparado para echar a correr le registra los bolsillos de la chaqueta.
El auto circula frente estas escenas fugaces, casi irreales, como las de un teatro mal iluminado. Después gira a la izquierda tomando la cuesta que nos llevará al Panecillo, la pequeña colina del centro de Quito.

Al parecer debe su nombre a la forma de pequeño bollo que tiene la insignificante elevación de algo más de cien metros, si se la compara con su entorno, aunque se ha convertido en el mirador más concurrido, seguramente debido a nuestra antropomórfica miopía.
La escultura de la Virgen de Quito, con unos veinticinco metros de altura, preside el lugar. De su torso de piedra surgen dos angelicales alas. Sí, desde el Panecillo vigila una virgen, pero también un ángel.

Hay algunas barracas de madera donde se vende artesanía a los turistas, aunque a esta hora están desiertas. Dos perros callejeros merodean por los alrededores.

No es posible acceder al mirador que se encuentra en la cabeza de la Virgen, por lo que nos conformamos con divisar Quito desde los pies de la imagen, donde la representación de un reptil vencido parece todavía coletear convulsamente. Es el mal, la serpiente que engañó a Adán en el Paraiso, aunque no tuvo mucho mérito hacerlo, ya que contó con la ayuda de Eva, la primera mujer, los primeros senos.

Quito, al igual que el reptil, se extiende bajo los pies de la Virgen, de norte a sur, como una increible serpiente luminosa y gigante, mucho más viva y peligrosa que cualquiera.
Apenas se distinguen las torres de la catedral y la iglesia de San Francisco de la uniformidad de sus brillantes escamas.
Cada casa, una luz.
Quito, un desorden de infinidad de luces agrupadas al azar hasta el horizonte, donde, por último, se confunden con las estrellas primeras.

Desde aquí, Quito, ya no es un beso de estudiante, ni autos colapsados, ni perros callejeros, sino una enorme cola luminosa, donde cada farola guarda su turno y se pierde borrosa entre la lejanía de los turnos que nunca llegan.

martes, abril 08, 2008

CANALIZACIÓN DE ENERGIA UNIVERSAL

El pasado día 6 de Abril de 2008 fueron concluidos satisfactoriamente los trabajos de armonización espiritual efectuados sobre mi humilde persona mediante una serie de canalizaciones de energía universal.
El maravilloso suceso se produjo en Madrid, en los locales de una muy necesaria organización dedicada al amor universal y, aunque pudiera parecer contradictorio, sin ánimo de lucro.

Estos trabajos fueron aplicados sobre unos cuarenta adeptos entre los que felizmente me encontraba. Fue necesaria nuestra presencia durante los días 4, 5 y 6, viernes, sábado y domingo, ya que estas canalizaciones se deben emitir necesariamente por etapas, pues el cuerpo humano no puede soportar en una única sesión toda la energía que se necesita para dejar al individuo completamente armonizado.

Durante la armonización también se emitió un curso teórico práctico sobre esta particular energía, a la vez que nos fueron concedidos poderes para su uso, disfrute y canalización.
En este primer nivel de iniciación en que me encuentro, solo se me ha otorgado la capacidad para transmitir energía universal en un porcentaje del 30% sobre el flujo máximo. Próximamente, tras nuevas armonizaciones alcanzaré los niveles 2 y 3, que se corresponden con las capacidades de canalización del 60% y del 100%.

La energía universal canalizada se dirige allá donde resulta más provechosa, realizando todo tipo de beneficio. No obstante, existen ciertas limitaciones.
A un individuo solo puede exponerse a un máximo de 5 minutos de recepción diaria de energía, ya que mayores dosis pueden resultar perjudiciales. Además, hay que acertar el número de chacra por donde se debe emitir la energía, pues la introducida por el chacra equivocado no actúa sobre el mal.

Como contrapartida a la utilización de la energía, el adepto debe meditar durante cinco minutos, tres veces al día. Meditar consiste en cerrar los ojos y observar el vacío interior, hecho bastante evidente en mi caso, por lo que lo raro es que haya gente que no medite. Por mi parte, me parece que llevo meditando bastante tiempo sin saberlo.

El trato es, por tanto, bastante ventajoso, por lo que lo he aceptado en todos sus términos y voy a seguirlo a pies juntillas. Espero que no tenga letra pequeña.

Ya contaré en este mismo lugar las evoluciones armónicas que se produzcan sobre mi persona. En el mundo en general, pueden comprobarlas ustedes por sí mismos.

Pese las muchas facilidades de canalización y manejo que se permiten, parece ser que la humanidad es todavía muy deficitaria en este tipo de energía. Se ruega a todas las personas que eviten cruzar manos o piernas, así como los asesinatos y demás tropelías, ya que se ha comprobado que éstas son las fuentes principales de los bloqueos que impiden una circulación fluida de la energía universal.

Muchas gracias.

viernes, marzo 14, 2008

LA MITAD DEL MUNDO


La nueva carretera oriental bordea Quito dirigiéndose hacia el Norte. Los árboles cubren por completo las montañas andinas que rodean la ciudad y le dan forma en el fondo del valle como si se tratara de un molde.
Quito aparece un poco y desaparece completamente entre la exuberancia de vegetación conforme el auto avanza, para hacernos comprender la enorme fuerza que tiene la naturaleza aquí, en el centro del mundo, frente a la que poco pueden hacer los puentes o los túneles, o cualquier otra insignificante construcción humana.
Todo es verde, todo es grande, salvo la delgada línea gris de la carretera, que a lo lejos se ve obligada a curvarse en todas las direcciones guardando el equilibrio precario de un funambulista.
En el ecuador terrestre, hasta el mismo cielo está en peligro frente a la robustez de la sierra que asciende cubierta bajo un manto de espesas coníferas. Al interior de esos bosques, quizás, ni siquiera llegue la luz del mismo sol que ya adoraban los antiguos incas, atraídos irremediablemente por la altura inimitable que aquí consigue.
Unos edificios amarillos de numerosos pisos se alzan orgullosos sobre una colina. No me da tiempo a fotografiarlos por la velocidad del carro y, es una pena, porque tengo la sensación de que, al regreso, seguramente ya estarán ocultos y absorbidos. Conforme nos acercamos a la mitad del mundo, más densidad adquiere el paisaje. Esto es una confabulación entre la roca, el agua y las raíces.

En el año 1736, un grupo de científicos de la academia francesa, que incluía a dos españoles y un ecuatoriano, llegaron a estas tierras para continuar sus investigaciones. Después de ocho años de trabajo, calcularon la situación exacta del ecuador terrestre, determinaron que la forma de la tierra es más abultada en el centro que en los polos, y sentaron las bases del sistema métrico actual. Ignoro cómo pudieron realizar estos descubrimientos y qué métodos siguieron para conocer con exactitud la latitud y la longitud pero, lo que es seguro, es que en sus observaciones del cielo y de la tierra tuvo la máxima importancia la extraordinaria belleza de este lugar, arriba, en el centro del mundo y en el medio de los Andes.


Doscientos años después se construyó justo en la línea del ecuador, en honor a estas investigaciones, la Torre de la Mitad del Mundo. Se accede pagando dos dólares si eres ecuatoriano, tres, si eres extranjero. Como esto también ocurre en otros lugares turísticos y no se exige documentación acreditativa, a partir de este momento somos ciudadanos ecuatorianos. Esto es fácil siempre que no hablemos, cosa muy sencilla pues, aquí, con mirar en suficiente.
En el interior hay un museo etnográfico, donde están presentes las diferentes regiones del Ecuador. Subimos por las escaleras. Conforme se asciende, en cada piso, vas descubriendo los distintos pueblos indígenas que todavía hoy viven aquí. Hay muestras de sus vestidos, sus armas, sus instrumentos musicales, sus canoas...
Al final llegamos a la cúspide de la torre, a cielo abierto. Siete colinas nos rodean, situándonos en el centro. Hace sol, las nubes cubren ligeramente las cumbres.
A mi derecha se encuentra el hemisferio Norte, a mi izquierda el hemisferio Sur. Respiro el aire. Miro la sierra.
Ahora, justamente en el centro de mí mismo se encuentra el centro del mundo.

martes, marzo 11, 2008

EL ACCIDENTE

El día 9 de Febrero, Sandra viajaba con su familia desde Ambato hacia Quito. Eran las 13:00 horas y, ya en las inmediaciones de la capital, fue cuando se produjo el accidente.
A pesar de la gravedad del mismo, la mayoría de los ocupantes del vehículo pronto recibirán el alta médica, según parece. Únicamente Sandra y su mamá han sufrido lesiones importantes. La primera se encuentra inconsciente en la UCI y es urgente su traslado a otro hospital menos caro para poder hacer frente a los gastos. La segunda está siendo intervenida quirúrgicamente en el Hospital Adventista Jerusalén, situado en la Avenida del 10 de Agosto, fecha conmemorativa de la independencia del Ecuador.

Las familias ecuatorianas, que son enormes ya que incluyen toda clase de hijos, nietos y a gran número de tíos, sobrinos y primos, suelen reunirse los domingos por la mañana, aunque las tiendas permanezcan abiertas, al igual que los negocios particulares que dan trabajo a gran parte de la población.
Ayer llegamos y hoy, día 10 de Febrero, también nosotros formamos parte de una de estas enormes familia, me parece que en calidad de suegros. Vamos a visitar a los accidentados.
Un par de carros, que aquí tienen adosado un remolque, bastan para desplazar a los veinte miembros de la familia. Nuestros vehículos se desplazan por Quito de un pequeño hospital a otro hospital. En el camino nos cruzamos con muchos autos similares, es decir, atiborrados de gente. Así tiene que ser para que quepamos todos. Los niños van en brazos y los cintos de seguridad no se utilizan pese a ser obligatorios para los conductores. A veces, en las aglomeraciones, se produce alguna invasión de vía (circular por dirección prohibida) que los policías de tránsito recriminan severamente, aunque a sabiendas de que nadie les hará demasiado caso, quizás porque no van armados, al contrario que los agentes de seguridad privados.


Los hospitales quiteños, al igual que otro gran número de establecimientos, están custodiados por uno o varios guardias de seguridad de no más de veinte años que suelen patrullar en la pequeña sala de recepción.
El muchacho que cuida el hospital, fuertemente armado como la función que desempeña exige, está serio aunque no parece preocupado en exceso. A la vista de todos se encuentra su pistola y la correspondiente gran cantidad de munición, cuando no algún otro arma más pesada y, por tanto, con un grado de disuasión más elevado. ¿Qué se podrá robar en un hospital?. ¿Bisturís?.
En un alarde de condescendencia se dirige al televisor, situado en el rincón superior de una esquina, y orienta las antenas para que el canal donde se emite bien una telenovela o bien dibujos animados, sea captado sin distorsiones. En la televisión siempre hay telenovelas o dibujos animados. En España lo que siempre hay son anuncios.

En el hospital no hay ni amplitud, ni ascensores, ni enfermeras vestidas de blanco. Las escaleras de acceso a los pisos donde se encuentran los pacientes son curvadas y estrechas.
Una camilla desciende tortuosamente por ellas.
El enfermo respira con dificultad, al igual que los cuidadores que lo transportan. Todos nos apartamos para dejar el poco paso libre y la camilla se pierde peligrosamente hacia abajo, donde el guardia vigila y los niños miran muy quietecitos la televisión, salvo el más pequeño, que es tan pequeño que todavía no se da cuenta de la tragedia y da guerra, para desesperación de su abnegada madre que no le quita ojo.

Ante la puerta de cada enfermo, los hombres de la familia esperan sentados en bancos de madera. Antes de entrar o salir todos se estrechan, de uno en uno, las manos. Es una costumbre ancestral que se efectúa sin excusas siempre. Las mujeres, dentro de la habitación, están encargadas de administrar los cuidados al paciente, que incluyen muchas sonrisas.

Una señora de la limpieza equipada con una fregona aparece por una puerta señalizada como Quirófano y continúa fregando ahora el pasillo.
Regularmente, cada par de días, hay que bajar a las oficinas para pagar los tratamientos que el médico ha prescrito. En esta ocasión, ha surgido algún problema. Según parece el hospital no admite billetes mayores de veinte dólares, porque circulan falsificaciones. El banco, para cambiar, los domingos cierra.
Ya he leído, en otros lugares, letreros que advierten que el billete falso será perforado, junto a algún billete de ejemplo repleto de agujeros.
No sé qué solución se habrá adoptado. Lo que sí sé es que estas gentes que viajan juntos, ríen y lloran juntos, tienen también un destino común, como los piñones de la misma piña.

Aún cuando los enfermos no están completamente restablecidos se les da de alta para que sigan la recuperación en casa, ya que resulta más económico. Salen con visibles vendas blancas, en brazos de su mamá si son pequeños o cojeando y apoyándose en los hombros de alguien cercano los mayores. El coche de la familia les espera aparcado abajo. Detrás del enfermo, que va el primero, vienen todos los familiares acompañando. Las ambulancias se utilizan para otros traslados más urgentes.

El accidente no debe influir en la vida de la familia. No se deben alterar los trabajos, los planes, los compromisos, la boda.
Basta que los familiares se dejen ver, un gesto diciendo que todavía se puede contar con ellos.
Una hermana de Sandra, cuya hija sigue hospitalizada, aunque fuera de peligro, dice que es una fatalidad, se excusa de no poder atender bien a los españoles, les anima a que disfruten del Ecuador que es un país muy lindo. Como no tengo a mano el libro de las frases apropiadas para cada momento, no encuentro palabras para animarla, además, sería inútil, ya que tengo un nudo en la garganta.
Quizás haya algunas plazas vacías en la boda de Patricia. Los enfermos y sus familiares más allegados.


Seguimos con nuestro viaje. Para mí todas las calles son iguales. Bazares, locutorios, comedores, fruterías y gente. Se vive en la calle.
Soy un extra en esta representación de la vida o quizás un espectador. Me llevan por calles desconocidas sin saber siquiera adonde.
Subiendo una cuesta se llega hasta la casa de Carlos. Allí en la acera me da un cigarro Lucho, el padre de Patricia. Fumamos Lark, fabricado en Ecuador bajo licencia Phillip Morris, los que se consumen aquí.
Quito es un conjunto inmenso de casas que, partiendo del fondo del valle y ascendiendo por las laderas, intenta llegar a las próximas cumbres sin conseguirlo.
Quito, al igual que los quiteños, quiere subir pero hay barreras que lo impiden.
Los árboles desde arriba miran el revoltijo selvático de las casas, sin darles demasiado importancia a pesar de su número. Parece que Quito sea el único lugar del Ecuador donde haya tantas casas como árboles.

En Quito, como en Ecuador, si estás enfermo y no tienes dinero te mueres, dice alguien. Nadie lo rebate.

viernes, marzo 07, 2008

EL RECIBIMIENTO EN EL ECUADOR

En el Aeropuerto Internacional de Quito los viajeros son bien recibidos. Por cada pasajero que llega, hay decenas de personas esperando. Son personas sencillas, amables, que solo quieren dispensar la mejor acogida.

Desde el avión no se es consciente de ello, pero ya tras unas cristaleras ellos reconocen el aparato que esperan, ven tensos el aterrizaje y cuando las ruedas entran en contacto con la tierra firme, respiran. Tienen los ojos protegidos del inmenso sol con las palmas de las manos y miran el cielo sonriendo.
Así espera el Ecuador la llegada de los aviones porque el cielo les devuelve el otro Ecuador, el lejano, el que no está justamente en la mitad del mundo, el perdido por largo tiempo.


Una vez en tierra, el cansado viajero es presentado transportándolo sobre una escalera mecánica frente a la bulliciosa cristalera que separa el que viene de los que esperan. Se agitan muchas manos que saludan muchas veces. Hay globos, alegría y niños en brazos esperando al papá que quizás todavía nunca han visto.
Quién hasta hace algunas horas era, sin más, un emigrante extranjero en una tierra fría llena de nubes; quien trabajaba sin papeles y tenía el derecho a estar medio escondido se convierte, por el poder del sol, en un resplandeciente ser humano, el querido familiar tan largamente añorado.

Todos los ojos se concentran en el siguiente viajero por llegar y se cruza una mirada agotada por el viaje con una multitud de miradas sedientas. Rápidamente la memoria selecciona aquel rostro que ahora parece tan cambiado, hasta que por fin, sin titubeos, es verdad y los ojos se encuentran.
Ha llegado y no se piensa que tendrá que macharse dentro de unos meses. Ha llegado y parece que será para siempre.
Aunque la escalera mecánica se lo lleva. Ya falta poco, únicamente hay que esperar unos pocos minutos más, mero trámite.

En el Aeropuerto Internacional de Quito, atendiendo a la importancia de estos momentos, se han reducido los controles aduaneros y de documentación al mínimo. Es por eso que el viajero no tiene que poner las manos arriba, ni quitarse los zapatos, ni enseñar el pasaporte catorce veces, sino que llega incluso antes que su equipaje a la cinta transportadora, que se convierte en una improvisada lotería, asignando el orden en que se producirán los abrazos y aparecerán las contenidas lágrimas.

En ocasiones, como es en nuestro caso, los abrazos apasionados se sustituyen por formales apretones de manos que se acompañan con cordiales frases de bienvenida. No, nosotros no somos ecuatorianos, aunque estemos inmersos en la misma vorágine sin comprenderla.

Para recibir sus visitas, los ecuatorianos no visten llamativos trajes que guardan para ocasiones más serias. Ellos, por ser un pueblo emotivo y humilde, suelen llevar la ropa de faena. Vienen directamente del trabajo a la bienvenida por el camino más recto. Con sus pantalones caídos y sus ponchos de lana, con los sacos remendados y el pelo revuelto, pero, irremediablemente, manifestando su enorme dulzura, quizás algo superior a la que un duro y sufrido corazón es capaz de guardar con empeño.

Los sacos remendados. También en España han habido grandes zurcidoras como mi madre, orgullosas de serlo. A ella le tiraban más los calcetines. Eran otros tiempos.
El esfuerzo necesario para componer tan ingente numero de puntadas constituía un pequeño ahorro pero capaz de encauzar la mermada economía doméstica. Horas de trabajo robadas a la noche, pérdida de vista a cambio de poder reutilizar unos calcetines roídos por el tiempo.
Otro tiempo distinto, ya olvidado.

Después de la rigurosa ronda de saludos, al visitante se le lleva de aquí para allá, reservándole un lugar destacado. A través de portales donde se guardan por la noche los carros se llega hasta el salón o centro de la casa. A los pies de una chimenea sin uso, se encuentra la mesa de la tertulia, rodeada de sofás, butacas y gran cantidad de sillas que van llegando de otros lugares para que nadie se quede sin sitio. Es agradable conversar y comienzan a surgir los comentarios pequeños y las anécdotas sin importancia, pero el visitante, sin duda, está cansado (lleva 22 horas de viaje) y no parece, a esta hora, comunicativo en exceso. Hay que abreviar y se saca una antigua botella. A los recién llegados se les invita a una estudiada copa de vino espumoso. La persona más anciana pronuncia un breve brindis donde ensalza los vínculos que une la cultura del Ecuador con el resto del mundo, especialmente si el agasajado procede de España o de algún otro lugar de la América Latina, países que son hermanos. No, no son paises sudacas, son paises hermanos, lo sepas o no.

A partir de ese momento, el viajero se siente muy agradecido por todas las atenciones que ha recibido y que no puede corresponder, salvo con muestras de afecto y meras palabras. Éstas se muestran algo torpes en comparación con el tranquilo discurso de los anfitriones.
Posiblemente, la educación ecuatoriana, dispone de un libro-compendio donde se recoge el listado de todas las frases armoniosas posibles a utilizar en estas conversaciones.
Cada situación requiere la frase adecuada y no otra. Debe ser clara y sencilla, que exprese nítidamente lo que se pretende en cada momento. Da la impresión de que, a cada instante, el hombre o la mujer ecuatoriana abriera ese libro y, tras una breve consulta, leyera con mesurada entonación la frase apropiada.

Durante esta ceremonia de presentación se le da importancia al visitante y se hace cuanto se puede para que se encuentre a gusto. El pueblo de Ecuador sabe acoger a la gente.
Son gentes humildes que habitan por igual la montaña, la costa y la selva, dorados por el sol y apaciguados por el culto a la Virgen del Cisne, oriunda de Loja, que protege, también por igual sus trabajos y sus hogares.

Ya es tarde, nos despedimos. Nos quedamos en la casa de Lourdes, hermana de Patricia, mujer de Pedro, hijo de Maria José, compañera mía, habitante del mundo.
Nos ha dejado su casa para que estemos bien cómodos. Ella, su marido y sus hijos no sabemos dónde se habrán trasladado.

Todo esto se hace muy parecido en España. Con ellos tenemos nosotros tantas o más atenciones.

Sobre la mesa del salón hay rosas recién cortadas.
Unas cuantas rosas de los millones de rosas que los ecuatorianos exportan a los Estados Unidos de América, aunque éstas son nuestras.

jueves, marzo 06, 2008

HACIA MIAMI

Diez horas dentro de un avión se pasan muy rápido ya que hay muchas cosas por descubrir.
En el interior de un avión con destino a América, aunque no lo parezca, es posible ejecutar infinidad de actividades. Además, todo es tan novedoso que incluso la forma de hacer las cosas más elementales cambia sustancialmente.
Por ejemplo, debido a la falta de espacio, las acciones a bordo hay que ejecutarlas con cierto sigilo y medio a cámara lenta, de otro modo se puede molestar al resto de pasajeros o incluso a la eficiente tripulación.
Los entretenimientos principales que recomiendo son los siguientes:
§ Mirar por la ventanilla el ala del avión.
§ Mirar prudentemente lo que hace en el ordenador el vecino de al lado.
§ Sacar y volver a meter en su sitio las interesantes revistas de que dispones.
§ Quitarte y ponerte el cinturón de seguridad, de vez en cuando.
§ Estar muy pendiente del brazo del compañero de al lado para ver quién de los dos es quién ocupa el lugar de apoyo del sillón.
§ Pedir café con leche y comprobar con incredulidad su extraordinario sabor.
§ Intentar dormir en diferentes posiciones.
§ Buscar algún lugar donde apoyar la cabeza, cosa imposible.
§ Mirar el reloj.
· Desesperarse.

Todas estas actividades son amenizadas por la presencia de los auxiliares de vuelo que circulan de aquí para allá inmersos en importantes funciones.
Constantemente tienen ocupados los pasillos en sus desplazamientos, así evitan que nos movamos o podamos ir al aseo y, ya de paso, hacen ejercicio. En ocasiones, para bloquear definitivamente el paso, se acompañan de sus enormes carros, haciendonos creer que van a traer la comida, cosa muy esperada y deseada por el hambre de todos.

La comida, pues al final la traen, se compone de:
· 100 ml de agua (si pusieran más podríamos tener la necesidad de ir al baño)
· Un trocito de pan muy pequeño. Detalle muy importante ya que inicia nuestro periodo de adaptación a la nueva alimentación. En Ecuador directamente se come sin pan.
· Cinco uvas de postre. Al parecer, antes daban seis, pero un avispado ejecutivo calculó los grandes beneficios que suponía para la empresa la supresión de esa insignificante uva que redondeaba la media docena.
· Mantequilla, según parece para untarla en el pan. Que alguién le diga al ejecutivo que puede ahorrársela.
· Una suculenta ensalada, en las proporciones calculadas milimétricamente por el mencionado ejecutivo.
· Cubiertos de plástico. Si fueran de otro material los terroristas de a bordo nos asesinarían a todos.
· Un poquito de sal y pimienta.
· Una salsa rara para la ensalada.
· “Chicken or beef”. Es opcional. Yo muevo la cabeza diciendo que sí, que quiero comida. Por increíble que parezca este plato está muy bueno.
· Un paquetito con galletas, también están buenas.
· Una servilleta de papel para arrugarla y tirarla, pues en tan poco sitio y sin poder moverse no hay forma humana de poder mancharse. Un detalle, para tomar el vaso y dar un trago de agua hay que pedir permiso al de al lado, ya que éste debe dejar de cortar con el cuchillo momentáneamente. Se puede, no obstante, masticar libremente cuanto se quiera. Las diferentes bocas están situadas a una prudente distancia de seguridad para evitar mordiscos.

Por si fuera de interés para los ejecutivos que realizan los cálculos de aprovisionamiento, logísta y atención al pasajero, aporto mis sugerencias al respecto que consisten en incorporar un paquete de supervivencia, junto al chaleco salvavidas, con la excusa de proporcionar los útiles que necesita el pasajero hasta su rescate, en el improbable caso de amerizaje de emergencia. El paquete, cuidadosamente embalado, contendrá lo siguiente:
· Una cantimplora con pajita de, al menos, tres litros de capacidad. Así el pasajero poco pedigüeño podrá beber todo el agua que quiera sin necesidad de pasar sed durante el viaje y sin que ésta se derrame.
· Un potente somnífero para utilizar en el caso de tener que suicidarse por encontrarse a la deriva en el océano sin esperanzas y paliar así los sufrimientos inherentes a esta agonía. De esta manera podríamos dormir.

Con esta sencilla fórmula no solo nos ahorraríamos una uva, sino, quizás, las cinco restantes, ya que la somnolencia suele disminuir el apetito.
Desde aquí me ofrezco a cualquier compañía, aérea, marítima o terrestre, que necesite contar con un organizador innovador, capaz de ideas progresivas. Prometo los mismos resultados o incluso superiores a los del famoso ejecutivo de la uva.
También, desde aquí, pido perdón por anticipado a todos los posibles afectados.

Por último, cuando parecía que el viaje no tendría fin, se produjo la ansiada maniobra de aterrizaje, cuyas emociones no describo por haber cerrado cobardemente los ojos y tener los oídos tan taponados que no escuchaba ni las instrucciones que daba el capitan del aeroplano, ni los gritos de socorro que sin duda se produjeron. Como iba diciendo, fue un aterrizaje completamente normal. Durante los siguientes veinte minutos nos mantuvimos absolutamente parados. Según parece, estábamos esperando a que se liberasen las vías de acceso al aeropuerto, a la vez que, posiblemente, el comandante de vuelo aprovechaba para recuperarse y tomar aliento.

Fue un verdadero alivio abandonar el avión, cosa que hicimos por nuestro propio pie, aunque enseguida nos dimos cuenta de nuestro tremendo error.
En efecto, una vez en tierra, se iniciaron las muy necesarias maniobras de coacción y acoso policial. Se diferenciaban de las padecidas en Madrid en que aquí, por encontrarnos en los Estados Unidos de América, cuna de la libertad, son mucho más temibles.
Con los oídos inutilizados, mi única escapatoria consistía en leer los carteles claramente descriptivos para una persona angloparlante. Visiblemente mareado, opto por seguir al viajero que me precede vaya a la cola que vaya. Creo ver puntos rojos sobre mi camisa. Posiblemente estaré en el punto de mira de algún arma automática con dispósitivo de encañonamiento láser. Veo una luz al final del túnel. Posiblemente ya haya sido abatido y vaya a encontrarme con el ser supremo.

El ser supremo no es Florentino Pérez, sino un oficial de policía identificado con una tarjeta con apellido hispano. En lugar de blanco resplandeciente, viste de negro, aunque se le ve completa y absolutamente feliz. Como no podía ser de otra forma el ser supremo se expresa en el idioma inglés. Le entrego los formularios verde y blanco que he rellenado en el avión poniendo NO en todos los sitios posibles, naturalmente, sin saber lo que dicen. Se inicia el interrogatorio. Me pregunta cómo me llamo, cual es mi nacionalidad y dónde vivo.
Ante la presencia del ser supremo los oídos han dejado de molestarme, además hablo y entiendo perfectamente el idioma: Javier, Spanish, Madrid.
En esta nueva dimensión espiritual, las cosas son muy sencillas, incluso el inglés resulta comprensible.
Me toman las huellas dactilares de los dedos índices de cada mano y me hacen una fotografía. Posiblemente el ordenador esté calculando mi destino que, sin duda, debe ser el purgatorio.
Sufro un pequeño bloqueo temporal. De las siguientes preguntas ya no entiendo nada, he perdido el don de lenguas. El oficial se pone nervioso y repite las preguntas más lentamente. No hay esperanza, el don de lenguas ha desaparecido por completo. Temo una condena eterna más cruel que el mismísimo purgatorio.

Milagrosamente y debido a la cantidad de gente que me sigue en la cola, el don de lenguas aparece, en este caso, en el policía que ahora se expresa perfectamente en castellano.
El ser supremo se ríe. Dice que nos hablaba en inglés para que lo fuéramos prácticando y, por último, en un derroche de consdescendencia, nos da la bienvenida a los Estados Unidos de América.
A mi compañera María José le hace mucha gracia la ocurrencia. Estos americanos en el fondo son muy atentos y divertidos. Yo pienso otra cosa que me reservo, al menos hasta que esté fuera de este magnífico y próspero país.

sábado, marzo 01, 2008

AMÉRICA

9 de Febrero de 2008, 8:00 horas.

Me voy a América, el otro mundo.
Como a tantos otros, al final del inmenso Atlántico, América desconocida me espera con los brazos abiertos. Brazos sensuales, brazos jóvenes dispuestos al trabajo. Los brazos de más allá de las aguas, savia joven donde injertar viejos años europeos.
Me voy diez días, no diez años, simplemente son unas vacaciones a América.
Me voy contigo.

Un viajero nuevo sube a un taxi con destino a América, la primera parada es el aeropuerto de Madrid-Barajas.
También a mí, como a tantos otros, América me promete una vida nueva. Como a los antiguos colonizadores desesperados que subían a los barcos temiendo por sus vidas, igual que a F. Kafka, a quien milagrosamente esperaba su tío.
Eran tiempos difíciles para hombres curtidos. Ahora las cosas han cambiado. El barco se ha sustituido por el avión, los meses que duraba la travesía por diez horas ...
No obstante, he de concluir que las condiciones han empeorado. Conforme la ciencia y la técnica evolucionan consiguiendo nuevos logros que nos hacen la vida más fácil, las condiciones reales a las que han de hacer frente los seres humanos sufren el consiguiente retroceso. Creo que es una ley de la lógica.



Desde las 8:30 horas de la mañana que llegamos al aeropuerto hasta las 11:00 que subimos al avión, la manada de pasajeros de la que formamos parte es conducida por diversas colas por su seguridad.
Las colas para América -similares, supongo, a las de cualquier otro destino- son las siguientes:

  1. Cola de facturación de equipajes.
  2. Control de equipajes de mano.
  3. Transporte a la puerta de embarque, a través de un tren sin conductor.
  4. Control de pasaportes
  5. Cola de embarque.
Ya en la primera cola, amables señoritas hacen preguntas que jamás hubiera llegado yo a imaginar, ni mucho menos un antiguo colono.
¿Cuándo terminó usted de hacer su equipaje?
¿Dónde y cuándo adquirió la cámara fotográfica que ha declarado llevar?

Las respuestas, como no podía ser de otro modo, fueron las siguientes: Terminé el equipaje cuando a usted no le importa y me compré la cámara cuando me salió de los cojones.
En efecto, estas eran las respuestas que estaba deseando pronunciar mi yo interno pero, haciendo un esfuerzo de autocontrol del que todavía estoy recuperándome, mis labios construían frases aportando, en la medida que podían, la información que se les solicitaba.
Decía la verdad, no aprendo. Podía haberme inventado alguna cosa, así, por lo menos, con el riesgo de mentir a unos interrogadores tan eficientes, me lo hubiera pasado hasta bien.

Las preguntas seguía una tras otra invadiendo mi intimidad y haciéndose cada vez más difíciles. Ningún pasajero, por muy metódico que sea, puede conocer concretamente tanta cantidad de detalles, pero esto no apacigua el trámite del interrogatorio. Al final se tiene que contestar como se puede, con vaguedad, incluso con inventiva. Quizás ahí radique la trampa. El viajero que conteste de forma impecable a todas las preguntas posiblemente será considerado sospechoso y sea sometido a especial seguimiento.

En el futuro, no me cabe duda, será necesario aportar documentación fehaciente. Demostrar que, efectivamente, el equipaje fue cerrado y sellado a las 23:00 horas de la noche anterior o que la cámara se adquirió en unos grandes almacenes aportando el justificante de compra. Serán tiempos peores en donde cualquier indecisión podrá tener desagradables consecuencias. Por ahora, cualquier respuesta parece ser que cuela.
¿Cuánto tiempo hace que conoce usted a su acompañante?. ¿El trato entre ustedes es familiar, lo considera usted una persona fiable?

Pero los que verdaderamente sufren las incomodidades del aeropuerto son los pasajeros de la clase ejecutiva, bussiness-class. Ricos hombres y mujeres de negocios que pagan un dinero extra para ser tratados conforme el rigor de la condición social que representan merece.
A estos desgraciados se les hacen cargar con mucho más equipaje que a los viajeros normales, tienen que ir mucho más serios y preocupados que nosotros y sus ropas han de estar impolutas. Creo que les está prohibido sudar.
En ocasiones, incluso, se les somete a colas particulares, mucho más duras y tienen que hacer todo los primeros. Son como los conejillos de indias. Son la vanguardia del porvenir que nos espera.
El interrogatorio con ellos es implacable. ¿Cómo será posible recordar dónde se ha adquirido cada una de las interminables cosas que encierran los tres maletones que, obligatoriamente, cada uno de ellos ha de llevar?. Para hacer más difícil la situación, en ocasiones, las preguntas se las formulan en inglés, idioma muy adecuado en estos casos de intimidación a la vez que totalmente incomprensible para una persona normal. Sofocados por la presión asienten con la cabeza como último recurso. Afortunadamente, ninguno de ellos es detenido mientras estoy presente. Pienso que debido a la oculta compasión de los vigilantes, pues su culpabilidad es evidente hasta para mí, que es la primera vez que asisto a estas pruebas extremas.

Como colofón a los interrogatorios a cada viajero se les suministra unos formularios que se deben cumplimentar en el avión para ser admitidos en América. En este caso, los impresos están inglés para todos. Estoy tentado a entregarme, pero no es posible.

Después de esta etapa de iniciación en la obediencia, la manada de viajeros es fácilmente controlable.
Las siguientes colas están formadas por hileras de, a lo sumo, dos o tres personas, todas ellas bajo vigilancia policial. No son necesarias instrucciones algunas. Se palpa que debe ser así.
La presencia de estos agentes, aunque no es directamente amenazadora ni efectúan agresión intimidatoria alguna, aporta cierta tensión al ambiente que, irremediablemente, nos inquieta. Por precaución, permanecemos callados y sin ninguna muestra de júbilo. No estamos de vacaciones, estamos siendo investigados.

Fieles a su cometido, los vigilantes no sonríen, no saludan, no hablan, de este modo, manifiestan la tremenda repulsa que les provoca su trabajo. Así nos lo transmiten y nosotros les imitamos en cuánto podemos. Pasamos a vigilarnos mutuamente. Entre nosotros puede haber algún sospechoso. Yo mismo pudiera ser ese sospechoso. Estoy completamente seguro de que soy sospechoso de algo aunque no logro recordarlo.

Posteriormente hay que quitarse abrigos, jerseys, cinturones, zapatos... y poner a la vista de los vigilantes todo lo que se lleva en los bolsillos. De uno en uno, pasamos por máquinas para detectar metales o posibles armas ocultas. El pasaporte y la tarjeta de embarque se lleva en la mano y son revisados por distintas personas unas catorce o quince veces.

Veo a algunos viajeros con las manos arriba, supongo que no lo han resistido y se habrán entregado. Después de un registro personalizado especial se les comunica que pueden continuar. Parece que no eran tan malos como parecía.

¿Dónde viajará el avión que voy a tomar, para ser necesarias tantas precauciones?.
Recuerdo como en un mal sueño que me voy a América.

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POR FIN DENTRO DEL AVIÓN

Una vez en el interior del avión parece que estamos salvados.
¿Habrá conseguido el delincuente tan buscado acceder hasta aquí?
No nos importa, el peligro ha pasado. Los pasajeros se recuestan tranquilos en sus asientos. Algunos cierran los ojos disponiéndose a dormir. Las azafatas sonríen. Se sirven coca-colas y cervezas. Estamos contentos.

En las imágenes de televisión se indica cómo actuar en caso de producirse una emergencia, pero ¿a quién le importa?. El peligro ya ha pasado. Ahora, volando a diez mil metros del suelo, ya no hay nada que temer.

Nadie vigila a nadie. Seguramente, por no vigilar, hasta el piloto, en vez de controlar los mandos, se estará echando una siestecilla.

¿Quién entiende todo esto?

miércoles, enero 23, 2008

TORTULEE






Debido a la inactividad en que ha caído desde hace un tiempo este blog, un ente desconoocido ha aparecido por aquí para colocar una entrada y dar un poco de vida a tal extraño lugar. Y el ente extraño lo ha hecho en forma de cuento. Un cuento nunca oído, ni parecido siquiera. Ahí va, para gloria y gozo de todos los habitantes de Fuencisla, tan largo tiempo olvidados...






EL PRIMER LIBRO DE TORTULEE

A la tortuga Tortulee, que tenía como mínimo 300 años, a veces se le olvidaba alguna cosilla y era normal ya que con tantos años tenía muchísimas cosas para acordarse. Vivía en un pueblo muy bonito que se llamaba Carrizosa, en el primer bosquecillo que hay yendo hacia las lagunas de Ruidera, dentro de una enorme encina casi hueca.

Para acordarse de todo, cuando tenía tiempo, miraba sus antiguas fotografías y, sobre todo, leía a menudo sus viejos libros, que guardaba con mucho cuidado dentro de su caparazón. Tenía tantos libros que cuando caminaba lo tenía que hacer muy despacio, pero a ella no le importaba.

Aquel día, mientras iba con prisas a la compra, tropezó en una piedra resbaladiza y dio una vuelta de campana, con lo que todos sus libros por el accidente quedaron esparcidos por el suelo. Empezó a recogerlos y el primero que cogió fue uno muy pequeño. Era el primer libro que había tenido en su vida y estaba tan al fondo del caparazón que hacía muchísimo tiempo que no lo había leído, así que lo abrió y empezó a recordar.

Hablaba del mar. Tortulee no siempre había sido una tortuga de tierra, hacía muchísimo tiempo que había sido una tortuga marina. Así que se acordó del mar, recordó que es casi tan grande como el cielo, y un montón de imágenes de golpe vinieron a su memoria. Se vio nadando junto a los salmones y los delfines, persiguiendo a las pescadillas pues, en el mar, las tortugas, tan torpes en tierra firme, son casi las más veloces, incluso cargadas de libros.

También recordó que no se llamaba todavía Tortulee. Como era muy pequeña se llamaba Tortulin, aunque todos la llamaban Tortolin.

Aquella mañana de domingo iba con sus papás y escuchó como le decían: ‘Tortulin, no te quedes atrás que llevamos prisa’, pero Tortolin no hizo demasiado caso ya que se encontraba entretenida mirando uno de esos tesoros hundidos que tanto abundan en las profundidades del mar. Tenía muy dorados colores y collares brillantes, pero era bastante inútil hasta que lo descubriera algún buceador, ya que tenía un sabor agrio como el vinagre y a las tortugas, como al resto de los animales marinos, lo único que provocaba su consumo era dolor de tripa y ojeras.

Tortolin, que no lo sabía, fue a probarlo y tuvo la fortuna de que una ola gigante que pasaba por allí, para salvarla, tuvo que darle varias vueltas de campana, de manera que cuando se hubo recuperado ya no había tesoro, pero tampoco estaban sus papás. Menos mal que todavía no le gustaba leer, porque fueron tan grandes las vueltas que se hubieran perdido, por lo menos, más de la mitad de la colección de libros.

Tortolin con lágrimas en los ojos empezó a buscar a sus padres, Tortupá y Tortumá, sin resultado. Se había perdido.

Para su desgracia, como no había leído casi nada, no conocía el significado de las señales de tráfico que hay clavadas en el fondo del mar para orientarse, así que no se percató de las advertencias de dirección prohibida para tortugas, ni de las flechas que indicaban que, en su afán de buscar a sus papás, nadaba en dirección a la cueva.

La cueva era un sitio donde se reunían todos los peces que eran demasiado perezosos para leer. Era muy oscuro para que nadie pudiera abrir ningún libro a escondidas y con mucho ruido para que tampoco se pudiera contar ninguna historia. Como allí, prácticamente, no se podía hacer nada interesante, los peces estaban muy aburridos y para entretenerse se tiraban unos contra otros, hacían disparates y hasta se daban besos con saliva. Para colmo, como estaba todo tan oscuro, nadie se daba cuenta de quien era quién tenía la culpa.

A Tortolín, aunque le daba mucho miedo todo aquel desbarajuste, por otro lado, le atraía como si fuera un imán de caparazones y es que, a veces, en el reino de la tortugas, las cosas más feas son las que más poderosamente despiertan nuestra atención.

Nada más entrar en la cueva le dieron a Tortolín bastante cigarrillos para que pudiera soportar sin marearse el desagradable olor de tantos peces sudando, aunque era bastante absurdo, ya que el tabaco, si cabe, marea más todavía.

Varios tiburones merodeaban por la cueva y al ver al Tortolín se pusieron muy contentos mientras sus afilados dientes se ponían largos.

Cuando Tortolín, que había dejado de llorar, tenía los ojos muy abiertos para no perderse ningún detalle de los secretos que guardaba la oscuridad de la cueva, una mano poderosa lo arrastró tirando fuertemente de sus orejas. Como eran más fuerte que él no podía oponer gran resistencia, pero Tortolín empezó a exigir valientemente sus derechos.

Aunque no los podía gritar con demasiada seguridad pues todavía no los había leído, ni siquiera los expresaba comprensiblemente. La verdad es que, por mucho que se esforzaba, no convencía a nadie y el fuerte ruido fue aplacando sus protestas hasta que Tortolin se quedó callado, cerrando rendido por último los ojos.

Cuando los volvió a abrir, ya fuera de la cueva, vio que era su papá, Tortupá, quien la arrastraba de ese modo. Había llegado hasta allí siguiendo el rastro de sus lágrimas. Le dio un abrazo muy grande y le regaló su primer libro: “Los derechos de Tortulin”, para que te lo aprendas, le dijo, y no te pongas a llorar sin saber qué hacer cuando tengas que defenderte de alguna injusticia.

Y Tortulín se quedo tranquila, durmiendo en los brazos de su papá, deseando que llegara mañana para saber lo que decía aquel libro, porque, por hoy, le pareció que ya había aprendido bastante.

sábado, noviembre 10, 2007

La A.I.M.




En toda mujer, se supone la existencia de un instinto especial, el instinto maternal, así como otras relevantes cualidades diferenciadoras: dulzura, elegancia, delicadeza...
Son conquistas de la AIM, una poderosa organización que hasta ahora ha venido imponiendo estas ideas al conjunto de la sociedad, fruto de una acertada estrategia en defensa de sus intereses.
De esta manera, son creencias generalmente admitidas que toda mujer joven está deseando casarse, así como su afición por la moda, las celebraciones sociales o las compras.
Nada más lejos de la realidad. La mayoría de las mujeres no quieren casarse, es más, practicamente ninguna de ellas lo ha hecho, ni siquiera asisten a estas celebraciones como invitadas, ni mucho menos a bautizos, inauguraciones y otros acontecimientos del orden social.

La AIM, Asociación Internacional de Mujeres, (no confundir con la AIT, aunque existan paralelismos evidentes), es una organización secreta fundada a finales del siglo XVIII. Está basada en la solidaridad y en la ayuda mutua. Funciona a partir de pequeñas células o grupos de acción con un número reducido de componentes. Normalmente cada activista pertenece a varios de estos comandos de manera que el flujo de consignas e información está garantizado. El entramado de relaciones es tan eficaz y frondoso que estamos hablando de una red que opera coordinadamente todos los días y en todas las partes del mundo.
Los comandos se reúnen bajo la apariencia de un inocente grupo de amigas en cualquier sitio: cafeterías, parques, peluquerías... Son especialmente llamativas las reuniones iniciáticas en los lavabos de señoras que la organización recomienda a edades tempranas.

Comando autónomo de la A.I.M. en tareas de debate y planificación de operaciones.

Óbserve con detalle las fotografías que usted conserve de sus celebraciones familiares. ¿No le parece extraño el aspecto que presentan las mujeres que usted trata habitualmente? ¿No le levanta sospechas sus cuñadas, sus primas o incluso su propia mujer?

El modus operandi de la organización es simple y siempre el mismo, está basado en tácticas de desorientación, agotamiento y suplantación de la personalidad.
Con la excusa de estar arreglándose en el baño, la agente protagonista, con apoyo externo, tarda todo el tiempo que quiere, hasta desesperar completamente a la víctima, el cual confundido pierde la paciencia y abandona todo de atención. En ese momento se realiza el intercambio.
Una agente especialista, altamente preparada, adopta la apariencia de la persona a sustituir mediante un tratamiento faccial de copia platificada y así, convenientemente disfrazada, sale del baño y en adelante ocupa el lugar de su esposa o de su cuñada, las cuales se quedan en casa divirtiéndose, mientras a usted le toca aguantar toda la parafernalia de los compromisos sociales.
Incluso utilizan robots y estatuas de cera motorizadas.
Toda una farsa, responsabilidad de la AIM.


Robot AMI-717, ha suplantado con éxito a una conocida periodista ennumerosos compromisos sociales.


No obstante, en honor a la verdad, hay que decir que, aunque prácticamente todas las mujeres forman parte de la AIM, no todas ellas son reemplazadas.
Por increible que parezca, hay algunas mujeres a quienes, en realidad, les gusta estos penosos acontecimientos y otras que, demasiado sinceras para representar este engaño, no gozan todavía de la confianza completa de la organización.
Para ellas la AIM ha ideado la utilización de una pasta líquida o ungüento que aplicado sobre el rostro da una apariencia similar a las copias habituales, evitándose de esta manera las sospechas.
Aunque, no nos engañemos, la probabilidad de que usted se haya casado con un robot o vaya a cenar los sábados con un muñeco de cera es práctimente del 99,99%.


Estas averiguaciones han sido posible mediante la infiltración de topos dentro de estos comandos autónomos. Por ejemplo, un grupo muy activo que, incluso, dispone de su propia publicación web para captación de activistas, ha sido investigado desde el interior por uno de nuestros agentes más audaces cuya identidad hemos de mantener en secreto por seguridad.