jueves, agosto 31, 2006

LAS DOS ESFERAS



Yo vivo en la esfera normal, donde hemos estado viviendo durante todo la vida, pero Henar se ha mudado a la otra esfera, la emocional, la imaginativa, y me ha dejado aquí solo.
No estoy tan mal como se pudiera imaginar desde aquella otra esfera, pero me acuerdo bastante de ella. Hay veces que cierro los ojos e imagino que vuelve para siempre, pero no puede ser.
Sin embargo, Henar vuelve a veces, para las Navidades, algún fin de semana, ..., pero está claro que allí se vive mucho mejor. Únicamente vuelve porque sabe que la necesito. Está un par de días, lo mínimo para tranquilizarnos y se marcha. En el fondo, todavía me quiere un poquito.

Aunque le pregunto, nunca me cuenta mucho de su nueva esfera. Sólo dice lo que es evidente, que si es diferente, que si allí la gente es luminosa, que si son felices. En fin, que nunca hay conflictos, es decir, todo lo que a cualquiera se le puede ocurrir.
También a mí me gustaría hacer lo que hace ella: poder ir y venir de vez en cuando, pero si yo me voy seguramente ya no regresaré jamás. Además, ¿quién iba a trabajar entonces?, ¿quién iba a conseguir el dinero que necesitamos para vivir?.
A Henar, cuando vuelve, estas cosas no le importan. Me mira, parece que me escucha pero como si no me entendiera. Debe de estar muy evolucionada para prestar atención a estas cosas tan pequeñas.

En la esfera emocional no se ha inventado el dinero, los intercambios se hacen por otros criterios más humanos: “Si le caes bien al verdulero, pues te regala la fruta y ya está". Todo esto me parece muy bien, pero es lo que le digo yo: "y si te toman manía y nadie quiere darte nada". Pues, está claro, que te mueres de hambre. Si ni siquiera se puede robar, ya que allí nunca hay conflictos. Mucho sentimiento, mucha luminosidad, pero te mueres de hambre como está "mandao".

Hombre, no creo que sea tan exagerado pues la verdad es que a Henar, cuando viene, se le ve bastante bien, aunque siempre suele llevarse bastantes cosas: fotografías, galletas, imperdibles... La imagino, con su vestido blanco, regalando todas estas cosas a los que le caigan bien. Claro que tampoco es tan extraño, al fin y al cabo, yo también le he regalado muchas cosas aunque no me haya ido a ningún sitio.

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